Delito de cristología tuneada para pancarta de Jasiel-Paris Álvarez.

 

En un artículo reciente publicado en The Objective, se sostiene que “Jesús es palestino”, convirtiendo esa afirmación en un eslogan político aplicado retroactivamente al conflicto actual. La idea se apoya en una mezcla de anacronismos, confusiones semánticas y apropiaciones ideológicas que desdibujan tanto la realidad histórica de Jesús como el significado original del término “Palestina”.

A lo largo de este texto reproduzco en negrita los pasajes originales del artículo analizado y, a continuación, incorporo mis comentarios y correcciones, con el objetivo de contrastar cada afirmación con los datos históricos disponibles y distinguir entre geografía, identidad e instrumentalización política.

«Hace 2025 años nació el Niño Jesús en un portal de Belén. A día de hoy, Belén es una ciudad situada en Cisjordania, uno de los dos territorios que —junto a la franja de Gaza— conforman el Estado de Palestina (reconocido por el 80% de países miembros de la ONU, España incluida).»

El reconocimiento de la ONU no crea derecho, historia ni jurisprudencia: la ONU no es un tribunal, sino una asamblea política cuyas resoluciones, en general, no son vinculantes. Las mayorías diplomáticas no sustituyen al derecho internacional efectivo, ni permiten proyectar categorías políticas del siglo XXI sobre un hecho ocurrido bajo dominio romano.

Por no mencionar que el 60% de ese “80% de países miembros de la ONU” está compuesto por dictaduras, autocracias y regímenes donde los derechos humanos son una leyenda urbana.

 

«No hay lugar a dudas: Jesús es, con el mapa actual en mano, un palestino de nacimiento.»

Igual que Abraham y Hammurabi serían iraquíes, Rut jordana y Ciro el Grande iraní. Nada más lejos de la realidad.

Es el mismo razonamiento brillante de ciertos egipcios modernos que se autoproclaman herederos directos de los faraones, borrando de un plumazo a los auténticos descendientes históricos de aquella población: los coptos.

Confundir fronteras modernas con identidades antiguas no es historia: es propaganda con Google Maps.

«Habrá quien diga que esto es un anacronismo, pero la misma afirmación habría sido válida hace más de dos mil años. «Palestina» es el nombre histórico tradicional de la región costera del Levante meridional, situada entre Siria y Egipto. Quien allí naciese sería, desde el punto de vista de la geografía clásica, un palestino.»

 El término “Palestino” deriva de los filisteos, que a su vez descienden de uno de los llamados Pueblos del Mar.

La primera mención a “peleset” 𓊪𓍢𓂋𓐠𓍘𓇋𓌙𓀀𓏺𓏻 (pw-rs-ty) la encontramos en el Templo de Medinet Habu (1150 a. e. c.), aunque no como región, sino como pueblo procedente del Egeo: los futuros filisteos, un pueblo extranjero tal y como se demuestra la cerámica y los cementerios hallados en Ashdod y Ashkelón, además de una Estela del siglo VII a. e. c. la cual menciona una deidad griega:

El templo que construyó Ikausu (Ajish), hijo de Padi, hijo de YSD, hijo de Ada, hijo de Yair, rey de Ecrón, para PTGYH, su señora. Ella le bendiga, le guarde, prolongue sus días y bendiga su tierra”.

El teónimo femenino PTGYH podría tratarse de un nombre indoeuropeo compuesto por los elementos PT, relacionado con la raíz POT / POS “señor”, y GYH, vinculado con el griego “tierra”. Cf. J. Pokorny, Indogermanisches Etymologisches Wörterbuch (Bern – München, 1959), vol. I, p. 842.

«Existe el error historiográfico de que aquella zona fue bautizada por los romanos como «Palestina» solamente a partir del año 135 después de Cristo, por lo que Jesús en ningún caso podría haber sido identificado como palestino. No es cierto. Ya se denominaba «Palestina» a aquella tierra en fuentes tan antiguas como Heródoto (el padre de la Historia) en el año 425 antes de Cristo,»

Heródoto de Halicarnaso, pese a su fama como “padre de la Historia”, es una fuente problemática. Como señala Manuel Balasch, incurre con frecuencia en errores genealógicos, credulidad ante relatos locales y fallos geográficos, fruto de un método basado en recoger testimonios de oídas.

En sus Historias, Heródoto menciona en varias ocasiones el término Παλαιστίνη (Palaistínē) -Libro I (Clío) 105 [pág. 127]; Libro II (Euterpe) 104 [pág. 242] y 106 [pág. 243]; Libro IV (Melpómene) 39 [pág 407]; Libro VII (Polimnia) 89 [pág. 693], según la edición de Manuel Balasch (Heródoto, Historias, Cátedra, Letras Universales). Si entráis en cada capítulo podréis ver el texto original en koiné y griego moderno.

El término significa literalmente «tierra de los filisteos». Sin embargo, como subraya Balasch, no es un concepto unívoco ni político: Heródoto lo emplea para designar una franja geográfica costera, nunca una entidad soberana.

En todas sus apariciones, la región es llamada «Palestina de Siria», es decir, un territorio integrado y subordinado al ámbito sirio, no un reino ni un Estado independiente.

Geográficamente, esta “Palestina” corresponde a la Pentápolis filistea y a la llanura litoral, una zona fácilmente transitable para los ejércitos, frente al interior montañoso -del Néguev a la actual Jenín- que ofrecía una resistencia natural mucho mayor. Por ello, Heródoto no describe incursiones por la histórica Judá/Judea, que en ese momento no era un reino independiente, sino una provincia persa denominada Yehud Medinata, es decir, la provincia de Judá.

El propio Heródoto confirma que las rutas militares evitaban esa región en el Libro III (Talía), al narrar la campaña de Cambises II contra Egipto (525 a. e. c.), indicando que la ruta iba desde Fenicia hasta Gaza, ciudad “de Siria”, cuyos habitantes “se llaman a sí mismos palestinos”. Se trata, de nuevo, de un pueblo costero integrado en Siria, no de una soberanía independiente.

Otro ejemplo histórico es la campaña militar de Senaquerib (701 a. e. c.). El Prisma de Senaquerib relata cómo arrasó 46 ciudades de Judá. Primero sitió ciudades filisteas (Jafa, Bene Brak, Azor, Ecrón) y después judaítas (Timná, Lajís, Jerusalén).

Además, en los tres prismas que Senaquerib mandó escribir y que hoy se encuentran en Chicago, Londres y Jerusalén, menciona no solo al rey judaíta Ezequías, también expresamente al Reino de Judá 𒅀𒌑𒁕𒀀𒀀 – Ia-ú-da-a = Yehudāya. En los textos asirios, la duplicación vocal 𒀀𒀀 (a-a) indica vocal larga ā. Esa forma, -āya, es un sufijo de gentilicio o etnónimo geográfico: algo así como el “-ense”, “-ita” o “de tal lugar”, en español. A veces precedido por el determinativo 𒆳 (KUR) = “país”.

 

«y aún antes entre los egipcios (más de mil años antes de Cristo).»

 No fue hasta la XVIII Dinastía (siglo XVI e. a. c.) que Egipto mostró interés por las tierras levantinas.

En el 22º año de su reinado, Ahmose I -Amosis I-, fundador de la XVIII Dinastía, expulsa a los Hicsos (XV Dinastía), y con ello nace el Imperio Nuevo. Amosis unifica el país y un orgullo nacional mueve al faraón a una severa venganza contra los aliados hicsos; semitas (asiáticos) y nubios. Comienza así una serie de campañas militares contra el norte que continúa hasta Ramsés III (XX Dinastía). A lo largo de casi tres siglos, Egipto mantiene un dominio muy disputado en el norte (actual Líbano), con el Imperio Hitita, hasta el colapso total de la región en el año 1177 a. e. c., como consecuencia de las destructivas invasiones de los Pueblos del Mar (Morá, 2018: 146-153), que en el lapso de tres décadas consiguen acabar con imperios como el hitita y desestabilizar fuertemente al egipcio.

Más de tres mil años después nos ha llegado documentación de aquella época en forma de inscripciones jeroglíficas y cuneiformes, en el caso de las correspondencias de Amarna, sobre el comercio entre Egipto y reinos locales, o súbditos, sobre victorias y derrotas, recetas culinarias, tratados de paz, correspondencia diplomática e incluso militar. Miles de documentos que nos ayudan a comprender, no solamente la sociedad egipcia, sino la conexión social y el comercio que existía en todo el Oriente Próximo, sin duda mucho más fluida entre vecinos que la que vivimos en la actualidad. Quizás la primera globalización que tengamos constancia. Y NINGUNA mención a una tierra llamada Palestina.

En ninguna de las casi dos mil inscripciones de la XVIII Dinastía egipcia (Sethe, 1906) aparece el término Palestina. El territorio comprendido entre el mar Mediterráneo y el río Jordán es designado en las fuentes egipcias con diversos topónimos, entre ellos Sṯṯ (𓋫𓏏𓈉), Djahy (𓍑𓉔𓈉) y Reṯenu (𓂋𓍿𓈖𓏌𓅫𓄡𓈉), nunca como una entidad llamada “Palestina”.

Sobre este último topónimo, Reṯenu (Rechenu), es partir de la XII Dinastía cuando comenzamos a tener documentación más fluida, concretamente en una óstraca que relata la Historia de Sinuhé del siglo XIX a. e. c., mencionándolo hasta en cinco ocasiones.

Estos tres topónimos aparecen también en otras fuentes egipcias:

  • Anales de Amenemhat II

 

  • La Estela de Sobek-Khu

  • La Estela de Kamose

 

  • La estela poética de Tutmosis III

  • La Estela de Gebel Barkal, entre otras.

 

Lo que sí encontramos es una mención a Israel en la Estela de Merenptah que data del año 1203 a. e. c., que relata las campañas militares del faraón Merenptah en la región de Canaán (kȝ-n-ˁ-n-ˁ)

En la imagen se menciona I-si-ri-ar como pueblo (𓀀𓀭), junto con el origen a través de su jeroglífico 𓌙 (T14) que representaba a los asiáticos rebeldes, y servía como determinativo en palabras como “crear”, “arrojar” o “enemigo”.

¿Y por qué ese «Isiriar»? En el egipcio medio no existía una distinción fonética clara entre /r/ y /l/. Ambos sonidos eran representados por el signo 𓂋, que fonéticamente corresponde a /r/, pero se usaba también para aproximar /l/ extranjeros. Ejemplo: Babel (Babilonia) 𓃀𓃀𓂋.

Es recién en época ptolemaica cuando el egipcio jeroglífico desarrolla el signo 𓃭 para la letra L, debido a la influencia del griego y la necesidad de transcribirlo con más precisión: Κλεοπάτρα (Cleopatra) 𓏘𓃭𓍯𓊪𓏏𓂋

 

«El término «Palestina» se encuentra en autores griegos (de Aristóteles a Pausanias) y romanos (de Plutarco a Dion Crisóstomo), incluyendo a los contemporáneos de Jesús (de Ovidio a Plinio el Viejo) e incluyendo a autores judíos de lengua griega (de Filón de Alejandría a Flavio Josefo): no olvidemos que el griego fue un idioma principal del primer cristianismo (en él está escrito la Biblia y seguramente lo habló Jesús, que, por tanto, perfectamente pudo identificarse como palestino).»

El término «Palestina» aparece efectivamente en numerosos autores griegos y romanos -desde Heródoto hasta Plinio el Viejo, pasando por Aristóteles, Plutarco o Dión Crisóstomo-  así como en autores judíos que escriben en griego, como Filón de Alejandría o Flavio Josefo. Sin embargo, su uso es estrictamente geográfico y literario, no político ni nacional.

En la tradición grecorromana, Palaistínē deriva de la tierra de los filisteos y se aplica de forma imprecisa a la franja costera del sur del Levante, a menudo integrada dentro de Siria (“Palestina de Siria”). El término coexiste con denominaciones mucho más precisas y operativas como Judea, Galilea o Samaria, que son las que designan realidades administrativas y políticas concretas, especialmente en época romana.

Este punto es crucial: en tiempos de Jesús no existía ninguna provincia, reino ni entidad política llamada “Palestina”. La entidad administrativa bajo dominio romano era Judea, dependiente de Siria, con capital en Jerusalén. El uso de Palestina por parte de autores clásicos no implica soberanía, identidad nacional ni continuidad política, del mismo modo que el empleo de términos como Asia o Libia en la Antigüedad no define Estados modernos.

No será hasta después de la revuelta de Bar Kojba (132–135 e. c.) cuando Roma rebautice oficialmente la provincia como Syria Palaestina, una decisión de carácter político y punitivo, destinada a diluir el vínculo histórico entre Judea y el pueblo judío. Proyectar este uso tardío hacia épocas anteriores constituye un anacronismo histórico, frecuente en discursos ideológicos, pero insostenible desde el punto de vista académico.

«Pero vivimos unos tiempos en que todo se politiza y polariza, empezando por la Historia

No: vivimos tiempos en los que cualquier iletrado recibe un altavoz y se dedica a soltar barbaridades sin aportar un solo dato, ajustando la historia a su agenda política, a menudo cargada de prejuicios medievales.

«De pronto, una afirmación que hace cien años no hubiese escandalizado a nadie —que Jesús es palestino— se convierte en un polémico eslogan partidista entre los actuales «pro-Palestina» y «pro-Israel». Unos querrían un Jesús guerrillero y freedom fighter, quizás árabe e incluso musulmán, y los otros querrían un precursor del sionismo de rubia melena y ojos azules (estilo anglo o asquenazí) que «vino a instaurar el Reino de Israel» en lucha contra sus enemigos. Los proisraelíes insisten en que hablar de un Jesús palestino es una forma de borrar la identidad judía de Jesús y el vínculo milenario de los judíos con su Tierra Prometida. De hecho, grupos de presión sionistas como el yanqui Combat Antisemitism Movement han empezado a listar la frase «Jesús es palestino» como un lema antisemita que puede ser un delito de odio.»

El problema no es discutir a Jesús, sino redefinirlo con categorías modernas. En el siglo I no existía una identidad “palestina”: Jesús fue judío de Judea, vivió y murió como judío y dentro del mundo judío.

Convertirlo hoy en “palestino” no aclara la historia, la reescribe para el presente. Y cuando para ganar un relato necesitas borrar la identidad judía, el problema no es histórico, es ideológico.

Más que “delito de odio” yo lo llamaría delito de cristología tuneada para pancarta.

«Pero es esta campaña contra el nombre histórico de «Palestina» lo que realmente está borrando una parte de la identidad judía. Antes de la proclamación del Estado de Israel en 1947, los judíos que vivían allí se consideraban a sí mismos palestinos, fuese bajo el Imperio otomano o bajo el Imperio británico. Hasta 1947, tanto judíos como musulmanes y cristianos eran todos palestinos. Los propios pioneros del movimiento sionista llamaban en un clásico cartel de propaganda de 1936 a «visitar Palestina» («Visit Palestine») y Golda Meir, que fue primera ministra de Israel, podía decir que «soy palestina, entre 1921 y 1948 tuve pasaporte palestino».»

Nadie “borra” el nombre Palestina: lo que se discute es confundir un término administrativo colonial con una identidad nacional moderna.

Antes de 1948, “palestino” designaba a los habitantes del Mandato Británico, no a un pueblo distinto del judío. Por eso había palestinos judíos, árabes y cristianos, y por eso los judíos usaban el término sin problema.

El sionismo no negaba la identidad judía, la afirmaba; lo que cambió en 1948 fue que los judíos recuperaron su nombre histórico como pueblo soberano: Israel.

Citar carteles turísticos o pasaportes del Mandato —como el de Golda Meir— no prueba una identidad palestina judía, sino exactamente lo contrario: que “palestino” no era una identidad nacional excluyente, como se intenta imponer hoy retrospectivamente.

 

«El verdadero borrado es también el que se ha hecho con los palestinos de religión cristiana, que fueron desplazados, pasando de ser casi un 10% en Israel a ser menos del 2%. En el imaginario occidental no existen tales cristianos palestinos, la comunidad de Belén donde nació Jesús, solo existen los israelíes judíos, por un lado, y los palestinos musulmanes, por otro. Hace unos días la Casa Blanca organizó un viaje a Israel para un millar de cristianos sionistas evangélicos que vieron lugares santos del judaísmo (incluyendo asentamientos en tierras palestinas), pero «olvidaron» visitar Belén, Nazaret o la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén.»

 Hablar de un supuesto “borrado” de los cristianos palestinos culpando a Israel es una simplificación interesada.

El descenso demográfico cristiano en Oriente Próximo es generalizado y se explica sobre todo por emigración, presión islamista e inestabilidad, no por una política israelí.

De hecho, los cristianos dentro de Israel han crecido en número, educación y nivel de vida; el gran desplome se da en Belén y Gaza, bajo control palestino, un dato que suele omitirse.

Que grupos evangélicos visiten Israel y no prioricen Belén no implica negación alguna: para ellos, sin discusión, Jesús nació en Belén, pero no sacraliza los lugares. El mensaje importa más que la geografía. Eso no es borrado: es teología evangélica básica.

Instrumentalizar a los cristianos palestinos para señalar a Israel, mientras se ignoran las causas reales de su éxodo, no es defensa de minorías: es propaganda selectiva.

«Quien no se olvida de los palestinos es el propio Jesús. Quizás porque, en su paso por este mundo, vivió en tierra palestina algo parecido a lo que vivirían los árabes palestinos más de 20 siglos después: una familia desplazada»

Según Lucas (2:1-5), el viaje se debió a un censo ordenado por el emperador romano César Augusto. José, como supuesto descendiente de la casa de David, debía registrarse en Belén, su ciudad ancestral, y María lo acompañó estando embarazada.

Es decir, se trató de un desplazamiento interno dentro del Imperio Romano (de Galilea a Judea), motivado por una obligación administrativa y legal, no por huida de persecución, guerra o amenaza inminente.

 

 

«(si quisieran pasar hoy de Nazaret a Belén, María y José tendrían que cruzar siete controles militares),»

 Jesús no podría haber nacido hoy  en Belén porque la entrada en territorio A y B de Cisjordania a judíos (José y María lo fueron), está prohibida, básicamente porque nos matan. Prueba a ponerte una kipá y me cuentas la experiencia, si es que sobrevives.

 

«una ocupación (entonces romana, hoy israelí),»

 Es tal la demagogia o la ignorancia de esta frase que no sé ni por dónde empezar.

Roma era una potencia imperial extranjera que conquistó Judea por la fuerza en el 63 a. e. c., destruyó Jerusalén, arrasó el Templo, reprimió revueltas con masacres y deportaciones y, tras el año 70 y especialmente el 135, expulsó a gran parte de la población judía. Eso es una ocupación colonial clásica, sin matices.

El Estado de Israel, en cambio, no es un imperio externo: es el Estado nacional del pueblo judío en su tierra histórica, reconocido internacionalmente, surgido tras el Mandato Británico y una guerra iniciada por sus vecinos. No llegó con legiones desde Italia ni gobernó como provincia extractiva de una metrópoli lejana.

Llamar “ocupación” a la soberanía judía es negar el vínculo histórico, jurídico y demográfico judío con la tierra, y además vaciar de sentido el propio concepto de ocupación.

Si todo control político que no gusta es “ocupación”, entonces ningún Estado sería legítimo, empezando por la mayoría de los actuales.

 

«la falta de techo para nacer y vivir (entonces en un pesebre, hoy en campamentos o entre cascotes), o la perspectiva de huir del infanticidio de los Herodes y Netanyahus (la Sagrada Familia a Egipto, los palestinos de hoy a medio mundo como refugiados).»

 Equiparar a Herodes, un rey cliente impuesto por Roma, con Netanyahu, líder electo de un Estado democrático, es una falsificación histórica.

El supuesto “infanticidio de Herodes” no está documentado históricamente fuera del Evangelio de Mateo y no puede usarse como hecho ni como analogía política sin mala fe.

El pesebre es un símbolo teológico, no una alegoría de ocupación, y reutilizarlo para acusar a los judíos actuales reactiva el viejo libelo del judío asesino de niños, ayer Herodes, hoy Israel.

Por último, la huida de la Sagrada Familia ocurre dentro del Imperio romano; el problema de los refugiados palestinos surge tras el rechazo árabe a la partición de 1947 y la posterior guerra. Mezclar ambos casos borra deliberadamente causas y responsabilidades.

Pero, ¿qué esperar de Jasiel, que en su día justificó públicamente escupir a judíos españoles en un programa con un 13,3 % de cuota de pantalla (7/2025)?

 

בְּשׁוּב ה׳ אֶת שִׁיבַת צִיּוֹן – Cuando trajo el Eterno a los que volvieron a Sión

בס״ד

La octava línea del famoso Decreto de Ciro (539 a. e. c.) marca un hito importantísimo en la historia del pueblo judío. Cita así: 

𒀀𒂍𒋗𒍪 𒅖𒆪 𒌑 𒊩𒆷𒈬 𒊭 𒉌𒋛𒋗𒍪 𒀀𒍝𒁁

Bītātišunu aškun u šalmu ša nišīšunu aṣbat

Liberé a los pueblos oprimidos y devolví a sus hogares a los exiliados 
que habían sido deportados

Pero antes, un poco de contexto:

Con la muerte de Josías rey de Judá (609 a. e. c.) a manos de los egipcios, la plena soberanía judía se desvaneció. Sin embargo, Egipto no gozaría mucho de su conquista puesto que cuatro años después, Nabucodonosor II rey de Babilonia los derrotó en la batalla de Carquemis, de modo que Judá pasó a manos babilónicas. 

Tras un primer sitio y posterior conquista de Jerusalén (597), Nabucodonosor II deportó a Babilonia al rey Joaquín junto a los nobles y ciudadanos de la élite judaíta, mientras que los campesinos y el resto quedaron en Judá. Nabucodonosor decidió poner como rey de Judá a Sedecías, tío de Joaquín, que terminó por rebelarse contra Babilonia en el año 594. El resultado fue dramático: en el año 587 Nabucodonosor II arrasó Judá durante dieciocho largos meses y volvió a poner sitio sobre Jerusalén. 

En Las Crónicas Mesopotámicas de los primeros años de Nabucodonosor II, las cuales registran la batalla de Carquemis (605 a.e.c) y la captura de Jerusalén (597 a. e. c), podemos leer sobre estos acontecimientos:

𒌨𒄿𒅖𒄑𒇷 𒀀𒄑𒇷𒉡𒀀𒄑𒇷

u ṣītišu ana ḫarāši IAHUDU

Y sitió la ciudad de Judá (Jerusalén)

𒄑𒉡𒄷𒅆𒀀𒇲𒋢𒉌𒁹

u ina 2. ūmi šanāti Adaru, ālū bītātišunu u ḫaršu šarru

Y en el segundo día del mes de Adar, tomó la ciudad y capturó al rey

Jerusalén cayó tras meses de asedio en el año 586 y fue arrasada hasta sus cimientos bajo incontables pilas de cadáveres, la mayoría muertos por inanición. Sedecías fue apresado y antes de que le arrancaran los ojos, contempló cómo mataban a todos sus hijos. Acto seguido fue enviado como esclavo a Babilonia donde murió encadenado.

El sitio de Jerusalén está considerado como un episodio apocalíptico debido a su dureza. El hambre y la desesperación en la ciudad quedaron reflejados en el Libro de las Lamentaciones 4:10:

יְדֵי, נָשִׁים רַחֲמָנִיּוֹת בִּשְּׁלוּ, יַלְדֵיהֶן; הָיוּ לְבָרוֹת לָמוֹ, בְּשֶׁבֶר בַּת עַמִּי

Las manos de las mujeres hasta ayer, plenas de compasión, han cocido a sus propios hijos.
Éstos fueron su alimento durante la destrucción de la hija de mi pueblo.

A diferencia del resto de pueblos que fueron diluyendo su identidad, el pueblo judío mantuvo la esperanza de regresar. Quizás, la frase que mejor refleje este anhelo la encontramos en el Salmo 137:1

עַל נַהֲרוֹת בָּבֶל שָׁם יָשַׁבְנוּ גַּם בָּכִינוּ בְּזָכְרֵנוּ אֶת צִיּוֹן

Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos
y también llorábamos
recordando a Sión

Tras setenta años de exilio judío, Babilonia cayó en manos del Imperio Persa y Ciro I el Grande, el único personaje bíblico no judío ungido por Di-s, decretó el regreso de los judíos a Judá, ahora provincia persa de Yahud de la región de Eber Nari (al otro lado del río), además de a otros pueblos sometidos por los babilónicos tal y como se cita en su mencionado decreto, además de en los libros de Esdras 1:1-4 y 2 Crónicas 36:22-23:

𒀀𒂍𒋗𒍪 𒅖𒆪 𒌑 𒊩𒆷𒈬 𒊭 𒉌𒋛𒋗𒍪 𒀀𒍝𒁁

Bītātišunu aškun u šalmu ša nišīšunu aṣbat

Liberé a los pueblos oprimidos y devolví a sus hogares a los exiliados 
que habían sido deportados

Desde entonces, retornar a Sión -Sión como sinónimo de Jerusalén-, ha estado siempre latente en el corazón de cada judío que, por circunstancias de la vida, ha permanecido fuera de la Tierra de Israel.

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Mientras leéis estas líneas pongo rumbo a Sión para asentarme de nuevo en la Tierra de Israel, pero esta vez en Jerusalén. Siento un profundo orgullo de ser parte de la milenaria historia de nuestra capital física (Estado de Israel) y espiritual (judaísmo), elementos indivisibles como lo es Jerusalén. 

Parafraseando uno de los libros más inspiradores y aprovechando esta época, Jánuca: Ni hemos ocupado tierra extranjera ni nos hemos apoderado de bienes ajenos, sino de la herencia de nuestros antepasados, que ha estado algún tiempo en poder enemigo injustamente. (I Macabeos 15,35).

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No cocinarás el cabrito, en la leche de su madre

בס״ד

Seguramente no encontraremos en toda la Torá (Pentateuco) un versículo más extraño y a simple vista tan ilógico, y que tantos quebraderos de cabeza ha dado y continúa dando día de hoy que el de “No cocinarás cabrito, en la leche de su madre”.

Vivir conforme a los preceptos de la alimentación kosher no se limita a que no podamos comer cerdo o marisco, sino que entraña alguna que otra particularidad. La shejitá (sacrificio) también es muy importante, ya que existen cinco situaciones que pueden volver taref (no apto para el consumo judío), a un animal kosher. La carne kosher puede dejar de serlo si ésta fue cocinada en un recipiente que fue utilizado anteriormente para el consumo de carne no kosher, de igual modo si se cocinó algo lácteo, aun si fuese kosher, ya que otro de los preceptos más distintivos del kashrut es la prohibición de juntar carne con lácteo, y es precisamente del origen histórico de este precepto que trata este artículo.

¿Es posible que durante tres mil años hayamos podido mal interpretar ese “No cocinarás el cabrito en la leche de su madre”? Y de ser así, ¿qué consecuencias podría acarrear?

Para descargar en PDF pulsa aquí

Antes de hacerlo, una pequeña advertencia: si eres shomer kashrut y no aceptas el carácter histórico de las prácticas y tradiciones judías, te recomiendo no leer este artículo.

Januka, la primera Gran Guerra de Liberación judía

בס״ד

Durante la festividad de Januká encendemos cada día una vela de nuestra janukiá para recordar los sucesos ocurridos hace dos mil ciento ochenta y cinco años en Jerusalén y el resto de Judea. Pero Januká es mucho más que un tradicional encendido de velas. Es, desde el punto de vista histórico-nacional judío, la primera gran guerra de liberación nacional del pueblo judío en nuestra patria ancestral. Y así ocurrió:

Descárgate el dosier   aquí

Januka Sameaj – Feliz Januka

Por la Liberación de Jerusalén

בס״ד

Un 28 de Iyar del año 5727, 7 de junio de 1967, durante el transcurso de la Guerra de los Seis Días la brigada de paracaidistas liderada por el general Mordejai (Mota) Gur fue la primera en cruzar la Puerta de los Leones y adentrarse en la Ciudad Vieja de Jerusalén hasta llegar al Kotel.

Har Habait beyadenu” “¡El Monte del Templo está en nuestras manos!” anunciaba Mota por radio desde el lugar más sagrado del judaísmo. Las lágrimas de tristeza se tornaron de alegría. De júbilo. De incredulidad. Nadie podía creer que Jerusalén, de nuevo, volvía a ser nuestra.

Por la liberación de Jerusalén.  Descarga el PDF

«Un lamento se oyó en todo el país por Israel»

בס״ד

En año 280 a. e. c. el faraón Ptolomeo II Filadelfo encargó a 72 sabios judíos la tarea de traducir por separado la Torá al griego koiné, o griego helenístico, la lengua común hablada en todo el mundo heleno. Según la leyenda, el soberano de Egipto quedó impresionado debido a la exactitud de todas las traducciones, un hecho catalogado como milagroso para místicos y religiosos que dejaba clara la fiabilidad de esta gran obra. Para el año 100 a. e. c. todos los libros judíos habían sido traducidos al koiné, siendo conocida dicha traslación como Septuaginta o Canon de Alejandría. 

 Tetradracma alejandrino de plata de la época
Años 285-275 a. e. c.

Museo Egipcio de Barcelona

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Esta traducción supuso la supervivencia del judaísmo fuera de los límites de Judea, debido a que el griego koiné era el idioma materno de gran parte de los judíos asentados en la diáspora y continuó siendo de vital importancia para futuras generaciones. Cien años después del inicio de la Septuaginta, los mas de dos millones de judíos que vivían fuera de Judea evitaron de este modo su asimilación.

El Canon de Alejandría fue compilado a finales del siglo II a. e. c., sin embargo la tradición judía excluyó varios de sus libros, dando lugar a la creación del Tanaj, la Biblia judía, o también conocido como el Canon Jerosolimitano, compilado cuatrocientos años después, el cual consta de 39 libros a diferencia de los 44 del alejandrino.

Entre los libros que fueron excluidos del Canon Jerosolimitano se encuentra una historia de revolución, luchas y triunfos militares; los libros I y II de Macabeos.

La primera gran revolución nacionalista judía.

Judas Macabeo -«un león en su hazañas» (I Macabeos 3,4)-,  fue el primero de sus hermanos en liderar en el año 134 a. e. c. la revuelta judía contra la mayor amenaza del pueblo para la época. A su muerte le seguiría su hermano Jonatán y tras su secuestro y asesinato Simón sería el último líder macabeo, quien instauró la dinastía Hashmonea que duraría hasta el año 30 a. d. c. La historia de los Macabeos relata los logros militares y estrategias decisivas, pero sobre todo el corajenosotros luchamos por nuestra vida y nuestra religión/identidad» (I Macabeos 3,21)-,  y motivación de un puebloni hemos ocupado tierra extranjera ni nos hemos apoderado de bienes ajenos, sino de la herencia de nuestros antepasados, que ha estado algún tiempo en poder enemigo injustamente» (I Macabeos 15,35)-, empeñado por resistir a su eliminación. Entonces, ¿por qué motivo no incluirlos en el Tanaj? ¿Fue porque, como dicen los jajamim (sabios judíos), su autoría no fue inspirada por Dios? ¿Quizás por la vergüenza y dolor que supuso la pérdida de Jerusalén, o pudo ser para frenar futuros levantamientos nacionalistas?

Corría el año 70 de la Era Común. Tras un asedio a Jerusalén que duró varios meses la ciudad caía en manos del invasor romano. La destrucción parecía no conocer límites. Miles de judíos fueron masacrados por los más de sesenta mil legionarios cuyo objetivo era aplastar la resistencia judía. Pocos lograron escapar y entre quienes lo consiguieron un reducido número de eruditos establecieron el Sanhedrin en la ciudad de Yamnia (Yavne), a unos 50 km de las ruinas de Jerusalén aún en llamas. Comenzó entonces a establecerse y complicarse el Tanaj, (Pentateuco, Profetas y Escritos), compuesto por un total de 39 libros, finalizado a finales del siglo I d. e. c. Al menos cuatro libros del Canon de Alejandría no fueron incluidos, entre ellos el relato de Macabeos y que curiosamente sí se incluye en las biblias católicas.

Una de las razones pudo ser debido al reciente episodio traumático de la pérdida de Jerusalén, y con ello la pérdida de nuestra patria ancestral -recuperada durante un breve periodo de tiempo entre los años 132-135 (Tercera Revuelta Judía contra Roma), y de nuevo en 1948 hasta nuestros días-. Los sabios de Yavne tenían la misión sagrada de salvar el judaísmo, y para ello decidieron implantar un nuevo judaísmo; un judaísmo sin templo, sin tierra. Un judaísmo de la diáspora, y ello significaba renunciar a cualquier sentimiento nacionalista o político. No tenía sentido alguno incluir un libro de corte nacionalista para un pueblo que acababa de perder su patria.

Podemos añadir a esto la tensa relación que la facción farisea mantenía con los últimos líderes de la dinastía Hasmonea, el linaje macabeo, marcada por una guerra fratricida que provocó la invasión Romana en el año 64 a. e. c., motivo por el cual pudo influir en la decisión de no incluir el resto de los libros macabeos (III, IV), que describen tales sucesos.

¿Qué nos queda de aquella guerra de liberación?

En un intervalo de cien años el pueblo judío pasó de ser una potencia militar en expansión al vasallaje, y finalmente a la humillación del exilio. Los Sabios de Yavne debían de asegurar la supervivencia judía y su misión fue completada por otros sabios teocratizando un triunfo nacionalista y transformarlo en una bella tradición que nos ha llegado a través de los siglos: el encendido de las velas de la janukiá (candelabro judío).

En diversas comunidades judías sefardíes se adoptó la costumbre de leer la Meguilat bnei Jashmonai, el Rollo/pergamino de los Hasmoneos, durante Shabat de Januká o la víspera de la festividad. El rabino Uriel Romano nos presenta una versión hebreo-español, con notas al pie, para hacer popular este relato y pueda ser leído en casas y en sinagogas y que pase a formar parte de nuestra liturgia y de nuestros rituales.

Meguilat Bnei Hashmonaim (PDF), por el Rabino Uriel Romano.

Pero yo quiero ir más allá. Antes del restablecimiento del Estado judío en nuestra tierra ancestral hubiese sido comprensible no incluir los libros macabeos en nuestra tradición, sin embargo, después de los intentos fallidos de jordanos, sirios y egipcios de echarnos al mar y los triunfos militares israelíes que lo impidieron en 1948-49, en 1967 y de nuevo en 1973, tres guerras totales que suponían la mayor amenaza contra el pueblo judío desde la II Guerra Mundial, debemos rescatar del olvido los libros originales que relatan este gran triunfo y que, de un modo u otro, 2183 años después todos recordamos con orgullo.

I Macabeos (PDF)

II Macabeos (PDF)

Nota1: La redacción de I de Macabeos recae sobre un judío nacionalista a finales del reinado de Juan Hircano, cuyo nombre desconocemos. El autor de II de Macabeos es igualmente desconocido, sin embargo no es el mismo autor que el del primer volumen.

Nota2: Advertencia: Los documentos adjuntos I y II de Macabeos contienen anotaciones y comentarios que no pertenecen al dogma judío por lo que deben ser utilizados a título orientativo. 

Yom Revi´í, vigésimo día del mes noveno, 5780

Que en Av celebremos nuestro regreso a Sión

בס״ד

Según la tradición judía durante el mes de Av debe invadirnos un espíritu de tristeza al coincidir con fatídicos acontecimientos acaecidos durante el 9 de este mes en diferentes épocas de la historia; entre las más dolorosas y traumáticas se encuentran la caída y destrucción de Jerusalén y del primer templo tras la invasión babilónica (598 a. e. c.), y siglos después, la destrucción del segundo templo de Jerusalén a manos del Imperio Romano (año 70 d. e. c.). Un 9 de Av del año 135 también fue aplastada la rebelión de Bar Kojba -la soberanía judía no sería restablecida hasta 1948-, y la expulsión judía de España en 1492.

Durante el 9 de Av se acostumbra a ayunar como recordatorio de estas desgracias. Sin embargo, basándonos en una profecía de Zacarías, no solo exige su anulación sino festejar estos días con alegría a partir del momento que Jerusalén vuelva a estar bajo soberanía judía.

Caída de Jerusalén por Nabucodonosor II

Con la muerte del Rey Josías de Judá en el año 609 a. e. c. a manos de los egipcios la total independencia del reino de Judá desapareció por completo. Sin embargo Egipto no gozaría por mucho tiempo de esta victoria. Cuatro años después Nabucodonosor II de Babilonia derrotó a los egipcios en la Batalla de Carquemis. El Rey Joaquín de Judá, impuesto por los nuevos amos egipcios, viendo que hordas babilónicas se aproximaban hacia su territorio solicitó auxilio a Egipto para repeler la inminente invasión, una ayuda que nunca se produjo por lo que Judá pasó drásticamente a manos de Babilonia. Tras sitiar y conquistar Jerusalén en el año 597 a. e. c. Nabucodonosor II deportó al rey, a la nobleza y a la élite judaíta a Babilonia (campesinos y la clase baja permanecieron en la ocupada Judá), una práctica muy común de la época el transferir población indígena de un lugar a otro con el fin de poner fin a cualquier aspiración nacionalista. Sin embargo el pueblo judío exiliado jamás se olvidó Jerusalén.

Tablilla en texto cuneiforme localizada en Al Yahudu, o «la ciudad de Judá»,
una localidad babolínica con gran presencia de los exiliados judaítas de Judá.
Museo de las Tierras de la Biblia, Jerusalén

Nabucodonosor II decide entronar como rey de Judá a Sedecías, tío de Joaquín, y en el año 594 a. e. c. el rey judío acaba rebelándose contra Babilonia. El resultado fue del todo catastrófico; en el año 587 a. e. c. Nabucodonosor II arrasa completamente Judá y tras meses de asedio en el noveno día del quinto mes (9 de Av) del año 586 a. e. c. Jerusalén cae y es arrasada hasta sus cimientos bajo incontables pilas de cadáveres, la mayoría muertos de inanición debido al prolongado sitio. El Rey Sedecías cae preso y antes de que sus cautivos le arrancasen sus ojos puede contemplar cómo son torturados y asesinados sus hijos acabando así con cualquier posibilidad de sucesión al trono de Judá. Sedecías termina sus días encadenado en Babilonia.

En la Judá ocupada por babilonia, aún quedan judaítas encargados de cuidar y cultivar la tierra para, también, alimentar al ejército invasor. Nabucodonosor pone como gobernador de Judá a Guedaliá Ben Ajikam, que mantiene una relativa calma durante un breve periodo de tiempo bajo un humillante tributo a Babilonia. Debido al malestar general entre la población judaíta ante esta dependencia, surge una facción contra Babel liderada por Ismael Ben Netaniá que acaba por asesinar a Gedaliá, poniendo fin al asentamiento judío en la Tierra de Israel, hasta el regreso de los exiliados a Sión siete décadas después.

Tras setenta años de exilio judío cae Babilonia a manos del Imperio Persa y Ciro I el Grande decreta el regreso de los judíos a Judá, ahora provincia persa de Yahud. Su generosidad fue tal que no solo autorizó el regreso de los judíos (y otros pueblos sometidos por los babilónicos), además se aseguró de costear los gastos de la reconstrucción del Templo de Jerusalén.

Caída de Jerusalén por Tito

La convulsa época de los hasmoneos, linaje de los Macabeos que liberaron Judea de la tiranía seléucida (164 a. e. c.), trajo consigo una Judea a veces independiente y otras títere de potencias vecinas, cuando no víctima de guerras fratricidas. La última de ellas conllevó la pérdida de la soberanía judía hasta su recuperación durante la Rebelión de Bar Kojba en el 132 d. e. c.

A la muerte de Rey hasmoneo Alejandro, Salomé (Shlomzion) Alejandra quedó viuda, por segunda vez de un rey, convirtiéndose en la primera mujer en gobernar Jerusalén desde Atalía (842 – 835 a. e. c.). Mientras reinaba, su hijo Juan Hircano II asumió el cargo de Sumo Sacerdote. La dinastía hashmonea desde sus inicios incumplió la tradición judía de ungir como rey a descendientes de la Casa de David, auto proclamándose como reyes y asumiendo además las funciones del sumo sacerdocio, cargo que pertenecía por derecho a los descendientes del Sumo Sacerdote Sadoc desde los tiempos del Rey Salomón. Sin embargo Shlomzíon, al ser entronizada, siendo mujer tenía prohibido ostentar el sumo sacerdocio por lo que pasó a manos de su hijo.

Cuando Shlomzion murió en el 67 a. e. c. sus dos hijos Juan Hircano II y Aristóbulo II se disputaron el reino, siendo derrotado Juan Hircano II en Jericó.

En su exilio, Juan Hircano II entabló una fuerte alianza con Antípater II el idumeo -padre del futuro rey Herodes el Grande el constructor-, quien le ayudó a subir al trono haciendo que Aristóbulo II huyese a Jerusalén perseguido por el rey Aritas III el nabateo, pariente de Antípater II en el año 64 a. e. c. Mientras esto se acontecía en el sur, en el norte Pompeyo anexionaba Siria dando por finalizado el Imperio seléucida. Pompeyo, planeando seguramente futuras anexiones para Roma, se interesó por sus nuevos vecinos sureños y, a petición de los fariseos cansados de las luchas internas hasmoneas, medió entre los dos hermanos rivales.

Pompeyo acordó buscar una solución justa para ambos, sin embargo Aristóbulo II acabó por engañar a Pompeyo quien aprovechó esta oportunidad para conquistar Judea. Pasaron tres meses asediando Jerusalén hasta que las legiones romanas ocuparon Monte del Templo asesinando a sacerdotes y protectores. Murieron alrededor de 10 000 judíos. La monarquía hasmonea fue abolida y Pompeyo nombró a Juan Hircano II Sumo Sacerdote y gobernador de Judea, nombrando como su ministro a Antípater II, fundador de la dinastía herodiana.

Este fue el principio de la ocupación romana de la Tierra de Israel, que se hizo efectiva en el año 6 d. e. c. cuando Judea fue incorporada como provincia romana.

Fue entonces cuando la situación comenzó realmente a tensarse entre la población. Los romanos asumieron el derecho de nombrar al Sumo Sacerdote, lo que provocaron las primeras protestas judías. El Emperador Calígula aumentó el descontento popular cuando ordenó levantar una estatua suya en el Templo de Jerusalén. Estos y otros episodios fueron el detonante para que seis décadas después estallase la Primera Guerra Judeo-Romana (66-73).

El conflicto que derivó en la destrucción del segundo Templo comenzó como un pogromo en Cesarea organizado por los griegos y consentido por los romanos, cuyas legiones no intervinieron para detener la masacre. Luego del ataque, la población judía se enteró que el procurador romano Gesio Floro había robado dinero del tesoro del Templo, lo que hizo estallar la rebelión. El expolio hizo que el Sumo Sacerdote Eleazar Ben Ananías cesara las oraciones y sacrificios en el Templo en honor al emperador romano y mandó a atacar a la guarnición romana de Jerusalén. Tras esto, Cestio Galo reunió una importante fuerza en Acre para marchar hacia Jerusalén.

Los judíos repelieron las fuerzas romanas, pero no pudieron contra las cuatro legiones romanas (60 000 hombres)  del general Vespasiano que lograron aplastar la resistencia judía del norte en el año 68. En el año 69 Vespasiano fue nombrado emperador de Roma dejando a su hijo Tito encargado de continuar el asedio y tomar Jerusalén. Pero Tito no pudo romper las defensas de la ciudad en un solo asalto y el ejército decidió sitiar la ciudad.

Jerusalén estaba condenada pues la ciudad no disponía de suficiente agua y alimentos debido a que dos meses antes decenas de miles de peregrinos habían llegado a la capital por Pesaj, la pascua judía, y miles de jerosolemitanos murieron de hambre y de sed durante el largo asedio.

En el año 70 (año 3831 del calendario judío), del día 9 del mes judío de Av los romanos rompieron las murallas y saquearon la ciudad. Miles murieron en condiciones terribles tal y como relata el historiador Flavio Josefo durante el saqueo de la ciudad y la destrucción del Templo, y fueron robados los tesoros ocultos en él incluyendo la Menorá de oro puro. Este hecho quedó reflejado para la posteridad en el Arco de Tito, situado frente al Coliseo Romano y cuya construcción fue posible gracias a las riquezas saqueadas.

Luego de la destrucción del Segundo Templo y posteriormente la pérdida total de la soberanía judía (Tercera Guerra Judía contra Roma; 135), hasta 1948, el judaísmo tuvo que desarrollarse y evolucionar para amoldarse a un nuevo concepto: un judaísmo sin templo y sin tierra.

Con el restablecimiento de la soberanía judía en 1948, y la posterior reunificación de Jerusalén junto con Judea y Samaria en 1967, ¿debe el judaísmo amoldarse a una nueva realidad: un judaísmo sin templo pero con soberanía en nuestra tierra ancestral? ¿Debemos comenzar a dejar de llorar el pasado, alegrarnos por el presente y continuar construyendo nuestro futuro en la Tierra de Israel para luchar juntos contra cualquier amenaza externa?

El objetivo del ayuno es llegar al arrepentimiento, y si no lo hay el no comer durante 25 horas no sirve de nada.

Recordemos estos y otros sucesos acontecidos a lo largo de nuestra historia en la Tierra de Israel para reforzar nuestra identidad en ella y ser conscientes de nuestra responsabilidad de defenderla.

En el 9 de Av nos dicen que lloremos, yo os digo que además recordemos, y que también celebremos nuestro regreso a Sión.

Se sentarán los ancianos y las ancianas en las plazas de Jerusalén, cada uno con su báculo de ancianidad en su mano. Y las plazas de la ciudad estarán llenas de mancebos y muchachas jugando

“El ayuno del mes cuarto, y el ayuno del quinto (9 de Av), y el ayuno del séptimo y el ayuno del décimo, serán para la casa de Judá alegría y regocijo y festividades”.

Zacarías 8, 4-5, 8-19

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Yom Jamishí, séptimo día del mes quinto, 5779

Yom HaShoá, día en recuerdo de nuestros mártires y héroes

בס״ד

Esta tarde a las 20:00h. comienza oficialmente en Israel el Día en Recuerdo de la Shoá y el Heroísmo, día de luto oficial que recuerda a los millones de judíos exterminados en toda Europa.

La Alemania Nazi junto con sus colaboradores, fueron responsables del exterminio de mas de seis millones de judíos, una tercera parte de nuestro pueblo, convertida en humo haciendo de Europa el mayor cementerio judío del mundo.

Por todos aquellos, por los exterminados, por los supervivientes y los héroes, para que su memoria no se olvide; recordémosles siempre.
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Una historia de héroes vascos y supervivientes judíos

Numerosos marineros vascos bajo la aprobación del gobierno vasco exiliado en París (1936-1979) y en coordinación con la Agencia Judía –que hacía de gobierno provisional durante el Mandato británico antes del restablecimiento del Estado de Israel (1948)–, y la Haganá –organización paramilitar judía de autodefensa durante el Mandato británico–, realizaron tras la Segunda Guerra Mundial operaciones masivas de rescate de judíos supervivientes del Holocausto a Erets Israel, la Tierra de Israel, en aquel momento bajo la administración del Mandato Británico de Palestina desde 1920.

Victor Gangoitia, delegado del gobierno vasco para temas de refugiados, llevó a cabo la operación de rescate más grande en la historia de la inmigración clandestina judía. Capitaneados por Esteban Hernandorena Zubiaga, también conocido como Capitan Steve, Rafael Inda, Mariano de Lekeitio, Txomin de Bermeo y varias decenas más se embarcaron el 27 de diciembre de 1947 en el puerto de Burgas, Bulgaria, en los barcos Pan York  y Pan Crescent –denominados más tarde como Haatzmaut y Kibutz Galuiot– llegando a transportar a más de 15.000 judíos. Entre los judíos supervivientes del Holocausto se encontraban los abuelos de mi marido, Bina (de soltera Valtzer) Schieber z”l y su esposo Asher Schieber z»l.

Asher Schieber

Asher Schieber z”l, el abuelo de mi marido y al que tuve el honor de conocer, nació el 13 de diciembre de 1917 en Třinec, antigua Checoslovaquia, en plena fiesta de Januka.

Asher, que murió en agosto de 2014 (96 años), sobrevivió a la Shoá junto con su madre Saly Sara Frenkel z¨l y con la que se convertiría dentro del campo en su mujer Bina (de soltera Walzer) Schieber (1923-1991), z¨l. Los tres fueron deportados junto con otros de sus familiares al Campo de Trabajo de Kopaygorod en Transnistria, en la actual Ucrania, el 30 de agosto de 1941. Previamente Asher había servido en el ejército rumano durante la II Guerra Mundial, pero expulsado más adelante por ser judío.

El 3 de diciembre de 1941 Asher y Bina contrajeron matrimonio en el Campo suponiendo que el final de sus vidas no tardaría mucho en llegar debido a las condiciones del lugar, ya que varios miembros de la familia murieron de tifus y de hambre. Sobrevivieron gracias a las dotes artísticas musicales de Bina y su hermano David, mientras que Asher que no había tocado instrumento en su vida fue el encargado y “máximo responsable” del sonido de percusión más básico; el triángulo.

Terminada la guerra y tras su liberación el 15 de marzo de 1944 regresaron a Gura-Humora, Bukovina, en Rumania, para tratar de recoger los pocos pedazos que quedaban de sus vidas. Durante su estadía nació su primera hija Rut Schieber z»l, que falleció poco tiempo después. Sin embargo el odio y el antisemitismo todavía permanecía en Rumania, y en general en casi toda Europa, a pesar de los horrores de la guerra.

Tres años después pudieron emigrar a Eretz Israel, en la Palestina del Mandato Británico, vía Bulgaria, tras conocerse la noticia de que la ONU había aprobado el Plan de Partición. Los judíos a partir de entonces tendrían ya un lugar al que llamar hogar y no sentirse perseguidos.

Embarcaron en el Kibuts Galuyot que junto con su hermano gemelo el Haatzmaut estaban capitaneados por Hernandorena: se disponían a cumplir su sueño de ser hombres y mujeres libres.

Sin embargo, y debido a la negativa inglesa de permitir la emigración judía a Palestina, fueron interceptados el 31 de diciembre de 1947 por el ejercito británico en el estrecho de Dardanelos en el bósforo, y deportados a Chipre hasta 1949.

Mapa fuente: he.wikipedia
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Llegaron a Israel en 1949, donde terminaron sus días junto a familiares y amigos.

A Bina y Asher le sobreviven 2 hijos (otros dos murieron en Rumania (Rut) y Chipre (Dov), 7 nietos y 15 biznietos.

Con mi marido y Asher (2012). Foto del autor de esta web

La gratitud del Estado de Israel hacia quienes rescataron a miles de judíos hizo que el gobierno israelí otorgase la nacionalidad a estos héroes vascos. Uno de los más destacados, Esteban Hernandorena se trasladó a Haifa junto con su mujer y sus hijos para contribuir a la sociedad israelí y llegó a ser uno de los creadores de la Marina Mercante de Israel. Una calle en Haifa (Israel) y Portugalete (Bizkaia) recuerda su gesta y una placa le conmemora en el puerto de la ciudad israelí.

La placa en Haifa dice:

«1905-1965, nacido en Vizcaya; capitán de mar, activo en la flota “ilegal”; uno de los fundadores de la Marina Mercante Israel, residente en Haifa.»

Murió en 1956 y fue enterrado en el cementerio cristiano de Haifa.

Por su parte, Victor Gangoitia también participó en el famoso barco Exodus II. Más tarde al igual que Hernandonera decide trasladarse a vivir a Israel en 1948 y junto con su colega llega a formar parte de la creación de la Marina Mercante israelí.

Estos son algunos de nuestros héroes, y nunca han de ser olvidados.

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Yom Revi´í 26 de Nisán de 5779  

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Monumento en Tel Aviv en recuerdo a la inmigración clandestina judía a Erets Israel desde 1934 hasta 1948. Miles de judíos que escaparon del nazismo murieron en su intento de llegar a la Tierra de Israel.

Foto tomada por el autor de esta web

1948
Kibuts Galuiot 7600 inmigrantes ilegales, expulsados a Chipre.
Haatzmaut 7736 inmigrantes ilegales, expulsados a Chipre.



Localización de Transnistria, en la actual Ucrania

Mapa de Transnistria. Google Maps

Algunos nombres para el recuerdo de varios miembros de la familia que perdieron en Europa en Transnistria.

Berl Schieber (24) z”l, nacido en 1918. Murió de hambre en 1942 en el gueto de Kopaygorod.

Shifra Kessler (65) z”l, nacida en 1877. Murió de Tifus en 1942 en el gueto de Shargorod.

Mendel Schieber (65) z”l, nacido en 1877. Murió de Tifus en 1942 en el gueto de Shargorod.

Sheige Shieber (58) z”l, nacida en 1884. Murió de hambre en 1942 en el gueto de Shargorod.

Feige Rubin Schieber (64) z”l, nacida en 1878. Murió de hambre en 1942 en el gueto de Shargorod.

Liba Laufman Schieber (55) z”l, nacida en 1888. Murió de Tifus en 1943 en el gueto de Murafa.

Pepi Schieber (48) z”l, nacido en 1894. Murió de Tifus en 1942 en el gueto de Obodivka.

Adriano, el destructor de Jerusalén

בס״ד

(En la imagen de portada; Castillo de Sant’Angelo, antiguo mausoleo de Adriano)

Aún continuaban las revueltas judías contra Roma cuando Trajano muere y Adriano es nombrado emperador, que para calmar la ira de los judíos de todo el Imperio el nuevo emperador prometió la reconstrucción del Templo de Jerusalén, destruido por Tito y sus legiones 47 años antes.

Sin embargo Adriano continuó con las mismas medidas antisemitas de su predecesor, con el fin de asimilar a la población judía a la cultura grecoromana, pero con un añadido: desenraizar al pueblo judío de su capital nacional; Jerusalén.

En el año 131 Adriano desplazó a Judea una legión romana con el objetivo de mantener el orden y evitar cualquier revuelta al tiempo que Turno Rufus, gobernador de la región, celebrase sin problemas la ceremonia de la fundación de Aelia Capitolina para que la capital judía simplemente dejase de existir.

Ante este suceso Rabí Akiva, quien dirigía el Sanedrín, convenció a los demás miembros para dar comienzo a una nueva revuelta conocida más adelante como la Tercera Guerra Judeo-Romana (132-135) y declarar al comandante Simon Bar Kojba (hijo de la Estrella) como Mesías, tal como indicaba el versículo de números 24:17 “descenderá una estrella de Jacob”.

En el año 132 la revuelta se extiende por Modi’ím a través de todo el país derrotando a la X legión romana, con base en Jerusalén, y destruyendo a la XXII que había acudido desde Egipto.

La victoria se traduce en la instauración de un estado soberano judío en los siguientes dos años y medio.

En el verano de 135 bar Kojba pierde Jerusalén y se retira con su ejército a la fortaleza de Betar, que más tarde fue sitiada y tomada.

El número de judíos muertos se estima al rededor de 600 000.

Adriano finalmente prohibió la Torá, el calendario judío y mandó ejecutar a rabinos y estudiosos. En la zona del Templo mandó construir una estatua de Júpiter y otra de él mismo. Además, y para asegurarse de una victoria sobre los judíos, eliminó la denominación de Judea para allá región sustituyéndola renombrándola como Palestina, y finalmente fundó Aelia Capitolina sobre las ruinas de Jerusalén.

Yom shlishi 29 de Jeshván de 5778
Martes, 6 de noviembre de 2018

Barrio judío de Roma

בס״ד

La comunidad judía de Roma se remonta al siglo I antes de la Era Común, e irónicamente fue haciéndose cada vez más próspera bajo el Imperio romano al contrario de lo que ocurría en Judea durante la misma época. Sin embargo, a partir del siglo IV la situación de los judíos de la península itálica fue haciéndose inestable debido a un drástico aumento del antisemitismo seguido de persecuciones y matanzas que acompañaron continuos edictos de expulsión (Sicilia 1524, Nápoles 1540, Reinos Papales 1569, Milán 1597). Tales sucesos provocaron que el 10 % de los judíos de la península emigrasen a Safed, en el norte de Israel, tal y como nos cuenta la historiadora judeo italiana Anna Foa en su guía sobre las comunidades judías italianas Ritrovare l’Italia.

El barrio judío, el antiguo gueto, se originó mediante la bula papal Cum nimis absurdum del papa Pablo IV que dio orden de confinar a los judíos en 1555 a un mismo barrio, amurallado, humillante, despojándolos de derechos y libertades, los cuales no volvieron a recuperar hasta 1870. Si bien algunos judíos agradecieron vivir entre muros, esto se debió a que ayudaría a frenar, en parte, los ataques contra la población judía. El gueto fue abolido en dos ocasiones e instaurado tan pronto como fue posible hasta su completa desaparición en 1878. Sus murallas no fueron demolidas hasta 1888.

Los dos milenios de presencia judía continuada en Roma fueron brutalmente interrumpidos un 16 de octubre de 1943 por los nazis y sus colaboradores. Al alba fueron apresados 1 024 judíos, deportados a Auschwitz y eliminados. Solo sobrevivieron 16. En total el 17 % de la judería italiana fue exterminado en los campos. Fue la página más negra de la historia europea y el último intento de exterminio del pueblo judío en el Viejo Continente.

En las aceras de las calles del barrio judío podemos encontrar numerosas placas que recuerdan a aquellos judíos que fueron sacados de sus hogares por los nazis y sus colaboradores para enviarlos a Auschwitz.

Un aterrador dibujo en el Museo de la Shoá de Roma.

El judío romano ha sobrevivido al Imperio romano, ha permanecido en esta tierra a pesar de las persecuciones y expulsiones -Italia cuenta hoy con alrededor de 50 000 judíos-, ha lidiado con la judeofobia, la intransigencia de Pío X ha sido convertida en amistad por el papa Juan Pablo II en su histórica visita a la sinagoga de Roma en 1986 -la primera de un papa a una sinagoga-, y que posteriormente visitaron el papa Benedicto XVI (2010) y el papa Francisco (2016). Incluso, el judaísmo romano ha sobrevivido al intento del total exterminio.

Yom Shení 27 de Jeshván de 5778
Lunes, 5 de noviembre de 2018