Cinco de la mañana. Dirección;
, Jerusalén.
El Monte del Templo, o
Har Habait, donde según la tradición judía Hashem ordenó a Abraham sacrificar a su propio hijo, Itzjack (Isaac), para demostrar su fe ciega hacia Di-s. Tiempo después, fueron levantados el Primer y Segundo Templo de Jerusalén. Se trata, en definitiva, del lugar más sagrado para el judaísmo.
Punto central de oraciones del pueblo judío durante milenios, da igual donde un judío estuviese, tres veces al día, éste orientaba sus súplicas, peticiones y agradecimientos hacia Har Habait.
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Anque el Monte del Templo está en territorio israelí desde la guerra de 1967, es el único lugar en todo el país donde no existe la libertad de culto, salvo el culto musulmán, debido a políticas segregacionistas por parte del Waqf jordano, puesto que permanece bajo su administración como parte del statu quo entre Israel y Jordania. Está terminantemente prohibido portar cualquier símbolo religioso y libros de liturgia ajenos al islam. Tampoco existe libertad de movimiento. Para el no musulmán que desee visitar la también denominada Explanada de las Mezquitas, el horario es restringido: 7:30 a 10:00 y de 12:30 a 13:30 en invierno; de 7:30 a 11:30 y de 13:30 a 14:30 en verano.
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Una recomendación para judíos religiosos; si queréis subir a nuestro lugar más sagrado, sin problema con las autoridades que lo custodian, cubríos la kipá y escondeos los tzitziot.
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¿Qué motivan estas restricciones?
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Har Habait, como ya mencioné antes, es el lugar más sagrado para la fe judía, además de ser el tercer lugar más sagrado para el islam. Según la tradición islámica, aunque no se mencione en el Corán, Mahoma ascendió a los cielos sobre la misma roca desde donde Abraham se propuso a sacrificar a su hijo Isaac.
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Decidí visitar el Monte del Templo en el tercer aniversario de mi regreso a Israel. Llevaba tiempo queriendo subir pero entre cuestiones laborales y la dificultad que conlleva la visita, debido a los horarios y restricciones, siempre debía posponerlo. Me puse en contacto con mi amigo
Ariel Kanievsky, guía de turismo en
Israel, y fijamos un día. Y por fin llegó el gran día.
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Mientras esperábamos la enorme cola de turistas, en su mayoría cristianos, un vendedor ambulante ofrecía
subvenirs a todo turista despistado que desconocía que, antes de subir a la explanada, le sería confiscado todo artilugio religioso ajeno al islam. No sería descabellado pensar que este vendedor llevaba vendiendo el mismo rosario y la misma biblia a distintos turistas durante años. ¡Menudo negocio!
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Poco antes de entrar en la rampa de acceso podíamos leer este letrero: