Delito de cristología tuneada para pancarta de Jasiel-Paris Álvarez.

 

En un artículo reciente publicado en The Objective, se sostiene que “Jesús es palestino”, convirtiendo esa afirmación en un eslogan político aplicado retroactivamente al conflicto actual. La idea se apoya en una mezcla de anacronismos, confusiones semánticas y apropiaciones ideológicas que desdibujan tanto la realidad histórica de Jesús como el significado original del término “Palestina”.

A lo largo de este texto reproduzco en negrita los pasajes originales del artículo analizado y, a continuación, incorporo mis comentarios y correcciones, con el objetivo de contrastar cada afirmación con los datos históricos disponibles y distinguir entre geografía, identidad e instrumentalización política.

«Hace 2025 años nació el Niño Jesús en un portal de Belén. A día de hoy, Belén es una ciudad situada en Cisjordania, uno de los dos territorios que —junto a la franja de Gaza— conforman el Estado de Palestina (reconocido por el 80% de países miembros de la ONU, España incluida).»

El reconocimiento de la ONU no crea derecho, historia ni jurisprudencia: la ONU no es un tribunal, sino una asamblea política cuyas resoluciones, en general, no son vinculantes. Las mayorías diplomáticas no sustituyen al derecho internacional efectivo, ni permiten proyectar categorías políticas del siglo XXI sobre un hecho ocurrido bajo dominio romano.

Por no mencionar que el 60% de ese “80% de países miembros de la ONU” está compuesto por dictaduras, autocracias y regímenes donde los derechos humanos son una leyenda urbana.

 

«No hay lugar a dudas: Jesús es, con el mapa actual en mano, un palestino de nacimiento.»

Igual que Abraham y Hammurabi serían iraquíes, Rut jordana y Ciro el Grande iraní. Nada más lejos de la realidad.

Es el mismo razonamiento brillante de ciertos egipcios modernos que se autoproclaman herederos directos de los faraones, borrando de un plumazo a los auténticos descendientes históricos de aquella población: los coptos.

Confundir fronteras modernas con identidades antiguas no es historia: es propaganda con Google Maps.

«Habrá quien diga que esto es un anacronismo, pero la misma afirmación habría sido válida hace más de dos mil años. «Palestina» es el nombre histórico tradicional de la región costera del Levante meridional, situada entre Siria y Egipto. Quien allí naciese sería, desde el punto de vista de la geografía clásica, un palestino.»

 El término “Palestino” deriva de los filisteos, que a su vez descienden de uno de los llamados Pueblos del Mar.

La primera mención a “peleset” 𓊪𓍢𓂋𓐠𓍘𓇋𓌙𓀀𓏺𓏻 (pw-rs-ty) la encontramos en el Templo de Medinet Habu (1150 a. e. c.), aunque no como región, sino como pueblo procedente del Egeo: los futuros filisteos, un pueblo extranjero tal y como se demuestra la cerámica y los cementerios hallados en Ashdod y Ashkelón, además de una Estela del siglo VII a. e. c. la cual menciona una deidad griega:

El templo que construyó Ikausu (Ajish), hijo de Padi, hijo de YSD, hijo de Ada, hijo de Yair, rey de Ecrón, para PTGYH, su señora. Ella le bendiga, le guarde, prolongue sus días y bendiga su tierra”.

El teónimo femenino PTGYH podría tratarse de un nombre indoeuropeo compuesto por los elementos PT, relacionado con la raíz POT / POS “señor”, y GYH, vinculado con el griego “tierra”. Cf. J. Pokorny, Indogermanisches Etymologisches Wörterbuch (Bern – München, 1959), vol. I, p. 842.

«Existe el error historiográfico de que aquella zona fue bautizada por los romanos como «Palestina» solamente a partir del año 135 después de Cristo, por lo que Jesús en ningún caso podría haber sido identificado como palestino. No es cierto. Ya se denominaba «Palestina» a aquella tierra en fuentes tan antiguas como Heródoto (el padre de la Historia) en el año 425 antes de Cristo,»

Heródoto de Halicarnaso, pese a su fama como “padre de la Historia”, es una fuente problemática. Como señala Manuel Balasch, incurre con frecuencia en errores genealógicos, credulidad ante relatos locales y fallos geográficos, fruto de un método basado en recoger testimonios de oídas.

En sus Historias, Heródoto menciona en varias ocasiones el término Παλαιστίνη (Palaistínē) -Libro I (Clío) 105 [pág. 127]; Libro II (Euterpe) 104 [pág. 242] y 106 [pág. 243]; Libro IV (Melpómene) 39 [pág 407]; Libro VII (Polimnia) 89 [pág. 693], según la edición de Manuel Balasch (Heródoto, Historias, Cátedra, Letras Universales). Si entráis en cada capítulo podréis ver el texto original en koiné y griego moderno.

El término significa literalmente «tierra de los filisteos». Sin embargo, como subraya Balasch, no es un concepto unívoco ni político: Heródoto lo emplea para designar una franja geográfica costera, nunca una entidad soberana.

En todas sus apariciones, la región es llamada «Palestina de Siria», es decir, un territorio integrado y subordinado al ámbito sirio, no un reino ni un Estado independiente.

Geográficamente, esta “Palestina” corresponde a la Pentápolis filistea y a la llanura litoral, una zona fácilmente transitable para los ejércitos, frente al interior montañoso -del Néguev a la actual Jenín- que ofrecía una resistencia natural mucho mayor. Por ello, Heródoto no describe incursiones por la histórica Judá/Judea, que en ese momento no era un reino independiente, sino una provincia persa denominada Yehud Medinata, es decir, la provincia de Judá.

El propio Heródoto confirma que las rutas militares evitaban esa región en el Libro III (Talía), al narrar la campaña de Cambises II contra Egipto (525 a. e. c.), indicando que la ruta iba desde Fenicia hasta Gaza, ciudad “de Siria”, cuyos habitantes “se llaman a sí mismos palestinos”. Se trata, de nuevo, de un pueblo costero integrado en Siria, no de una soberanía independiente.

Otro ejemplo histórico es la campaña militar de Senaquerib (701 a. e. c.). El Prisma de Senaquerib relata cómo arrasó 46 ciudades de Judá. Primero sitió ciudades filisteas (Jafa, Bene Brak, Azor, Ecrón) y después judaítas (Timná, Lajís, Jerusalén).

Además, en los tres prismas que Senaquerib mandó escribir y que hoy se encuentran en Chicago, Londres y Jerusalén, menciona no solo al rey judaíta Ezequías, también expresamente al Reino de Judá 𒅀𒌑𒁕𒀀𒀀 – Ia-ú-da-a = Yehudāya. En los textos asirios, la duplicación vocal 𒀀𒀀 (a-a) indica vocal larga ā. Esa forma, -āya, es un sufijo de gentilicio o etnónimo geográfico: algo así como el “-ense”, “-ita” o “de tal lugar”, en español. A veces precedido por el determinativo 𒆳 (KUR) = “país”.

 

«y aún antes entre los egipcios (más de mil años antes de Cristo).»

 No fue hasta la XVIII Dinastía (siglo XVI e. a. c.) que Egipto mostró interés por las tierras levantinas.

En el 22º año de su reinado, Ahmose I -Amosis I-, fundador de la XVIII Dinastía, expulsa a los Hicsos (XV Dinastía), y con ello nace el Imperio Nuevo. Amosis unifica el país y un orgullo nacional mueve al faraón a una severa venganza contra los aliados hicsos; semitas (asiáticos) y nubios. Comienza así una serie de campañas militares contra el norte que continúa hasta Ramsés III (XX Dinastía). A lo largo de casi tres siglos, Egipto mantiene un dominio muy disputado en el norte (actual Líbano), con el Imperio Hitita, hasta el colapso total de la región en el año 1177 a. e. c., como consecuencia de las destructivas invasiones de los Pueblos del Mar (Morá, 2018: 146-153), que en el lapso de tres décadas consiguen acabar con imperios como el hitita y desestabilizar fuertemente al egipcio.

Más de tres mil años después nos ha llegado documentación de aquella época en forma de inscripciones jeroglíficas y cuneiformes, en el caso de las correspondencias de Amarna, sobre el comercio entre Egipto y reinos locales, o súbditos, sobre victorias y derrotas, recetas culinarias, tratados de paz, correspondencia diplomática e incluso militar. Miles de documentos que nos ayudan a comprender, no solamente la sociedad egipcia, sino la conexión social y el comercio que existía en todo el Oriente Próximo, sin duda mucho más fluida entre vecinos que la que vivimos en la actualidad. Quizás la primera globalización que tengamos constancia. Y NINGUNA mención a una tierra llamada Palestina.

En ninguna de las casi dos mil inscripciones de la XVIII Dinastía egipcia (Sethe, 1906) aparece el término Palestina. El territorio comprendido entre el mar Mediterráneo y el río Jordán es designado en las fuentes egipcias con diversos topónimos, entre ellos Sṯṯ (𓋫𓏏𓈉), Djahy (𓍑𓉔𓈉) y Reṯenu (𓂋𓍿𓈖𓏌𓅫𓄡𓈉), nunca como una entidad llamada “Palestina”.

Sobre este último topónimo, Reṯenu (Rechenu), es partir de la XII Dinastía cuando comenzamos a tener documentación más fluida, concretamente en una óstraca que relata la Historia de Sinuhé del siglo XIX a. e. c., mencionándolo hasta en cinco ocasiones.

Estos tres topónimos aparecen también en otras fuentes egipcias:

  • Anales de Amenemhat II

 

  • La Estela de Sobek-Khu

  • La Estela de Kamose

 

  • La estela poética de Tutmosis III

  • La Estela de Gebel Barkal, entre otras.

 

Lo que sí encontramos es una mención a Israel en la Estela de Merenptah que data del año 1203 a. e. c., que relata las campañas militares del faraón Merenptah en la región de Canaán (kȝ-n-ˁ-n-ˁ)

En la imagen se menciona I-si-ri-ar como pueblo (𓀀𓀭), junto con el origen a través de su jeroglífico 𓌙 (T14) que representaba a los asiáticos rebeldes, y servía como determinativo en palabras como “crear”, “arrojar” o “enemigo”.

¿Y por qué ese «Isiriar»? En el egipcio medio no existía una distinción fonética clara entre /r/ y /l/. Ambos sonidos eran representados por el signo 𓂋, que fonéticamente corresponde a /r/, pero se usaba también para aproximar /l/ extranjeros. Ejemplo: Babel (Babilonia) 𓃀𓃀𓂋.

Es recién en época ptolemaica cuando el egipcio jeroglífico desarrolla el signo 𓃭 para la letra L, debido a la influencia del griego y la necesidad de transcribirlo con más precisión: Κλεοπάτρα (Cleopatra) 𓏘𓃭𓍯𓊪𓏏𓂋

 

«El término «Palestina» se encuentra en autores griegos (de Aristóteles a Pausanias) y romanos (de Plutarco a Dion Crisóstomo), incluyendo a los contemporáneos de Jesús (de Ovidio a Plinio el Viejo) e incluyendo a autores judíos de lengua griega (de Filón de Alejandría a Flavio Josefo): no olvidemos que el griego fue un idioma principal del primer cristianismo (en él está escrito la Biblia y seguramente lo habló Jesús, que, por tanto, perfectamente pudo identificarse como palestino).»

El término «Palestina» aparece efectivamente en numerosos autores griegos y romanos -desde Heródoto hasta Plinio el Viejo, pasando por Aristóteles, Plutarco o Dión Crisóstomo-  así como en autores judíos que escriben en griego, como Filón de Alejandría o Flavio Josefo. Sin embargo, su uso es estrictamente geográfico y literario, no político ni nacional.

En la tradición grecorromana, Palaistínē deriva de la tierra de los filisteos y se aplica de forma imprecisa a la franja costera del sur del Levante, a menudo integrada dentro de Siria (“Palestina de Siria”). El término coexiste con denominaciones mucho más precisas y operativas como Judea, Galilea o Samaria, que son las que designan realidades administrativas y políticas concretas, especialmente en época romana.

Este punto es crucial: en tiempos de Jesús no existía ninguna provincia, reino ni entidad política llamada “Palestina”. La entidad administrativa bajo dominio romano era Judea, dependiente de Siria, con capital en Jerusalén. El uso de Palestina por parte de autores clásicos no implica soberanía, identidad nacional ni continuidad política, del mismo modo que el empleo de términos como Asia o Libia en la Antigüedad no define Estados modernos.

No será hasta después de la revuelta de Bar Kojba (132–135 e. c.) cuando Roma rebautice oficialmente la provincia como Syria Palaestina, una decisión de carácter político y punitivo, destinada a diluir el vínculo histórico entre Judea y el pueblo judío. Proyectar este uso tardío hacia épocas anteriores constituye un anacronismo histórico, frecuente en discursos ideológicos, pero insostenible desde el punto de vista académico.

«Pero vivimos unos tiempos en que todo se politiza y polariza, empezando por la Historia

No: vivimos tiempos en los que cualquier iletrado recibe un altavoz y se dedica a soltar barbaridades sin aportar un solo dato, ajustando la historia a su agenda política, a menudo cargada de prejuicios medievales.

«De pronto, una afirmación que hace cien años no hubiese escandalizado a nadie —que Jesús es palestino— se convierte en un polémico eslogan partidista entre los actuales «pro-Palestina» y «pro-Israel». Unos querrían un Jesús guerrillero y freedom fighter, quizás árabe e incluso musulmán, y los otros querrían un precursor del sionismo de rubia melena y ojos azules (estilo anglo o asquenazí) que «vino a instaurar el Reino de Israel» en lucha contra sus enemigos. Los proisraelíes insisten en que hablar de un Jesús palestino es una forma de borrar la identidad judía de Jesús y el vínculo milenario de los judíos con su Tierra Prometida. De hecho, grupos de presión sionistas como el yanqui Combat Antisemitism Movement han empezado a listar la frase «Jesús es palestino» como un lema antisemita que puede ser un delito de odio.»

El problema no es discutir a Jesús, sino redefinirlo con categorías modernas. En el siglo I no existía una identidad “palestina”: Jesús fue judío de Judea, vivió y murió como judío y dentro del mundo judío.

Convertirlo hoy en “palestino” no aclara la historia, la reescribe para el presente. Y cuando para ganar un relato necesitas borrar la identidad judía, el problema no es histórico, es ideológico.

Más que “delito de odio” yo lo llamaría delito de cristología tuneada para pancarta.

«Pero es esta campaña contra el nombre histórico de «Palestina» lo que realmente está borrando una parte de la identidad judía. Antes de la proclamación del Estado de Israel en 1947, los judíos que vivían allí se consideraban a sí mismos palestinos, fuese bajo el Imperio otomano o bajo el Imperio británico. Hasta 1947, tanto judíos como musulmanes y cristianos eran todos palestinos. Los propios pioneros del movimiento sionista llamaban en un clásico cartel de propaganda de 1936 a «visitar Palestina» («Visit Palestine») y Golda Meir, que fue primera ministra de Israel, podía decir que «soy palestina, entre 1921 y 1948 tuve pasaporte palestino».»

Nadie “borra” el nombre Palestina: lo que se discute es confundir un término administrativo colonial con una identidad nacional moderna.

Antes de 1948, “palestino” designaba a los habitantes del Mandato Británico, no a un pueblo distinto del judío. Por eso había palestinos judíos, árabes y cristianos, y por eso los judíos usaban el término sin problema.

El sionismo no negaba la identidad judía, la afirmaba; lo que cambió en 1948 fue que los judíos recuperaron su nombre histórico como pueblo soberano: Israel.

Citar carteles turísticos o pasaportes del Mandato —como el de Golda Meir— no prueba una identidad palestina judía, sino exactamente lo contrario: que “palestino” no era una identidad nacional excluyente, como se intenta imponer hoy retrospectivamente.

 

«El verdadero borrado es también el que se ha hecho con los palestinos de religión cristiana, que fueron desplazados, pasando de ser casi un 10% en Israel a ser menos del 2%. En el imaginario occidental no existen tales cristianos palestinos, la comunidad de Belén donde nació Jesús, solo existen los israelíes judíos, por un lado, y los palestinos musulmanes, por otro. Hace unos días la Casa Blanca organizó un viaje a Israel para un millar de cristianos sionistas evangélicos que vieron lugares santos del judaísmo (incluyendo asentamientos en tierras palestinas), pero «olvidaron» visitar Belén, Nazaret o la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén.»

 Hablar de un supuesto “borrado” de los cristianos palestinos culpando a Israel es una simplificación interesada.

El descenso demográfico cristiano en Oriente Próximo es generalizado y se explica sobre todo por emigración, presión islamista e inestabilidad, no por una política israelí.

De hecho, los cristianos dentro de Israel han crecido en número, educación y nivel de vida; el gran desplome se da en Belén y Gaza, bajo control palestino, un dato que suele omitirse.

Que grupos evangélicos visiten Israel y no prioricen Belén no implica negación alguna: para ellos, sin discusión, Jesús nació en Belén, pero no sacraliza los lugares. El mensaje importa más que la geografía. Eso no es borrado: es teología evangélica básica.

Instrumentalizar a los cristianos palestinos para señalar a Israel, mientras se ignoran las causas reales de su éxodo, no es defensa de minorías: es propaganda selectiva.

«Quien no se olvida de los palestinos es el propio Jesús. Quizás porque, en su paso por este mundo, vivió en tierra palestina algo parecido a lo que vivirían los árabes palestinos más de 20 siglos después: una familia desplazada»

Según Lucas (2:1-5), el viaje se debió a un censo ordenado por el emperador romano César Augusto. José, como supuesto descendiente de la casa de David, debía registrarse en Belén, su ciudad ancestral, y María lo acompañó estando embarazada.

Es decir, se trató de un desplazamiento interno dentro del Imperio Romano (de Galilea a Judea), motivado por una obligación administrativa y legal, no por huida de persecución, guerra o amenaza inminente.

 

 

«(si quisieran pasar hoy de Nazaret a Belén, María y José tendrían que cruzar siete controles militares),»

 Jesús no podría haber nacido hoy  en Belén porque la entrada en territorio A y B de Cisjordania a judíos (José y María lo fueron), está prohibida, básicamente porque nos matan. Prueba a ponerte una kipá y me cuentas la experiencia, si es que sobrevives.

 

«una ocupación (entonces romana, hoy israelí),»

 Es tal la demagogia o la ignorancia de esta frase que no sé ni por dónde empezar.

Roma era una potencia imperial extranjera que conquistó Judea por la fuerza en el 63 a. e. c., destruyó Jerusalén, arrasó el Templo, reprimió revueltas con masacres y deportaciones y, tras el año 70 y especialmente el 135, expulsó a gran parte de la población judía. Eso es una ocupación colonial clásica, sin matices.

El Estado de Israel, en cambio, no es un imperio externo: es el Estado nacional del pueblo judío en su tierra histórica, reconocido internacionalmente, surgido tras el Mandato Británico y una guerra iniciada por sus vecinos. No llegó con legiones desde Italia ni gobernó como provincia extractiva de una metrópoli lejana.

Llamar “ocupación” a la soberanía judía es negar el vínculo histórico, jurídico y demográfico judío con la tierra, y además vaciar de sentido el propio concepto de ocupación.

Si todo control político que no gusta es “ocupación”, entonces ningún Estado sería legítimo, empezando por la mayoría de los actuales.

 

«la falta de techo para nacer y vivir (entonces en un pesebre, hoy en campamentos o entre cascotes), o la perspectiva de huir del infanticidio de los Herodes y Netanyahus (la Sagrada Familia a Egipto, los palestinos de hoy a medio mundo como refugiados).»

 Equiparar a Herodes, un rey cliente impuesto por Roma, con Netanyahu, líder electo de un Estado democrático, es una falsificación histórica.

El supuesto “infanticidio de Herodes” no está documentado históricamente fuera del Evangelio de Mateo y no puede usarse como hecho ni como analogía política sin mala fe.

El pesebre es un símbolo teológico, no una alegoría de ocupación, y reutilizarlo para acusar a los judíos actuales reactiva el viejo libelo del judío asesino de niños, ayer Herodes, hoy Israel.

Por último, la huida de la Sagrada Familia ocurre dentro del Imperio romano; el problema de los refugiados palestinos surge tras el rechazo árabe a la partición de 1947 y la posterior guerra. Mezclar ambos casos borra deliberadamente causas y responsabilidades.

Pero, ¿qué esperar de Jasiel, que en su día justificó públicamente escupir a judíos españoles en un programa con un 13,3 % de cuota de pantalla (7/2025)?

 

Seis meses después… así empezó todo

Las primeras 24 horas

Rumbo a cumplir un sueño tras 22 años de espera, recibo en mi móvil una notificación por SMS:


“Tu vuelo LY392 de Barcelona a Tel Aviv del 29.12, previsto para las 22:50, despegará el 30.12 a la 1:30.”


Ma laasot —¿qué le vamos a hacer?— pienso. Si he podido aguantar dos décadas para ser ciudadano jerosolimitano, puedo esperar unas horas más. Todo es para bien, me repito.

Llego al aeropuerto, solo, con cinco maletas, una de mano, una mochila y un cuadro. Nos informan que, por el retraso, la facturación comenzará dos horas y media más tarde. Segundo ma laasot de la noche… y no iba a ser el último. Solo estábamos comenzando.
Nos entregan un baucher para la cena, pero no hay nada kosher en todo el aeropuerto. Mi cena se reduce a patatas Lays y agua.

Para mi sorpresa, me ofrecen adelantar mi vuelo retrasado: tomar el de las 18:30 —también con retraso— que tiene asientos libres. Despega hacia las 23:30. Acepto encantado, sin sospechar lo que me esperaba al aterrizar.

Durante la facturación me apremian a pasar el control de seguridad porque las puertas ya están abiertas. Corro, pero mi cuadro no cabe en los escáneres, así que tengo que salir y volver a entrar por otro punto. Con la chaqueta en una mano, la maleta en la otra, la mochila al hombro y el cuadro arrastrando, me indican un nuevo acceso.

Y ahí empieza el embrollo: en la mochila llevo reproducciones de piezas arqueológicas. El personal de seguridad sospecha que estoy expoliando patrimonio nacional. Les muestro un libro con una imagen del Calendario de Guezer, una de las piezas, para probar que es una copia. Les enseño los correos de la empresa que lo reprodujo… nada. Llaman al “experto”. Su parsimonia se podía medir en años luz. Apareció al cabo de un buen rato, me miró como si le molestara que yo existiera y, tras un vistazo perezoso, me dejó marchar.

Corro de nuevo a la puerta de embarque. Faltaban tres pasajeros. Subo. Respiro. Pido dos vasos de agua y doy gracias a Di-s.

El vuelo es tranquilo, aunque no consigo dormir. Estoy a punto de aterrizar en mi nueva casa, en el barrio de Arnona, a tan solo tres cuartos de hora caminando del centro espiritual del mundo: Har HaBait, el Monte del Templo.

Al aterrizar, estallan los aplausos típicos de los pasajeros israelíes. Salgo rápido. Me espera Elana, una conocida de mi futura compañera de piso, que amablemente se ofreció a llevarme a Jerusalén en su furgoneta: imposible subir al tren con tanta maleta.
Mi querido amigo Ariel Kanievsky no pudo venir porque ese mismo Shabat falleció su padre, Miguel ben Paulina z”l. Que su alma sea elevada.

Y entonces, otra vez ma laasot: mis maletas no han llegado. Toda mi ropa y libros —cuatro maletas llenas de libros— estaban perdidos entre Barcelona y Tel Aviv. Era la tercera vez que me pasaba ese año. Hice la reclamación. Me dijeron que llegarían “mañana”.
—Señorita —le dije—, estamos en el lugar idóneo para creer en milagros, pero hasta que lleguen, no tengo ropa. No cae del cielo como el mán (maná), ¿qué solución me dan?
Me ofrecen 200 dólares… en Israel, eso apenas cubre una camiseta y unos pantalones.

Llego a casa tras una hora de viaje. Me espera Marisol, mi compañera de piso: una judía argentina que lleva casi dos décadas en Israel y que pronto se convertiría en mi ángel de la guarda. Me acompaño en todos los trámites, al punto de pedirse un día libre para acompañarme al banco y a la compañía de telefonía.

La burocracia israelí es una coreografía de absurdos: el banco no te abre una cuenta sin un móvil israelí, pero la compañía no te da una línea si no tienes una cuenta en el banco. Bienvenidos a la Start Up Nation, también conocida como la Silicon Valley del Oriente Medio.

Mi primer día en Jerusalén se resume en discutir con un banco donde aún no tengo dinero, intentar comunicarme con una telefónica que no puede llamarme, y comprar ropa para sobrevivir los próximos días. La visita al Kotel, bien entrada la noche, no faltó. Saber que ahora puedo acudir no como turista sino como vecino es un regalo que no se puede describir.

El día siguiente, último del calendario gregoriano, lo dediqué a más trámites y a seguir esperando mis maletas. Sabía que no llegarían aún, pero uno nunca deja de esperar.
Ese día me convertí oficialmente en ciudadano de Jerusalén, capital espiritual del pueblo judío y capital física del Estado restablecido de Israel.

Cuatro mil años de historia que ahora incluyen también el nombre de David Díaz Yabo.


Y por eso digo que la esperanza no se pierde jamás.

Día del Recuerdo de los caídos en conflictos y víctimas del terror.

בס״ד
Hoy a las 20:00 hora israelí comienza un día de duelo oficial en Israel; Yom HaZicarón lejalaléi maarot Israel unifgaéi peulot Haeibá יום הזכרון לחללי מערכות ישראל ונפגעי פעולות האיבה el Día del Recuerdo de los caídos en los conflictos de Israel y de las víctimas de actividades terroristas.
Hoy recordamos a 120 ciudadanos extranjeros muertos en Israel en atentados terroristas
Hoy recordamos a los 100 israelíes muertos en atentados en el extranjero. 
 
También recordamos a 16 los miembros del cuerpo diplomático israelí que perdieron su vida representando a Israel en el exterior (nota al final del post).
 Video: En el Monte Herzl, cementerio nacional, monumento de 18 metros de altura con más de 23.000 ladrillos, cada uno con el nombre de cada soldado caído en la defensa del estado.


A las 20:00h se escuchará en todo Israel una sirena dando así comienzo del Día del Recuerdo y como es tradición al igual que en Yom haShoá, permaneceremos de pie y en silencio durante un minuto para recordar a nuestros muertos. 
Una segunda sirena de dos minutos de duración se escuchará también a la mañana siguiente a las 11:00h (hora local) y marcará con ello la apertura oficial de las ceremonias en honor a los caídos.
Existen tres estadísticas diferentes que se dan a conocer pocas horas antes de Yom haZicarón: 
*los caídos en el último año, 
*las víctimas desde la Guerra de la Independencia 1947-49 (fechas entre el Plan de Partición y la firma de los armisticios), 
*y los 1.626 fallecidos desde 1860, cuando los judíos jeorololitanos dejaron la Ciudad Vieja de Jerusalem para asentarse fuera de las murallas.
.
En 71 años de historia Israel ha padecido 6 guerras cuyo objetivo siempre fue la de “expulsar a los judíos al mar”.
La Guerra de Independencia (1948-1949), en la que murieron 4.000 soldados y 2.373 civiles.
La Campaña del Sinaí o Guerra de Desgaste (1956), con un total de 177 vidas perdidas.
La Guerra de los Seis Días (1967), con un coste de 1.424 vidas.
La Guerra del Yom Kipur (1973), con 2.656 caídos.
Operación Paz para Galilea (o Primera Guerra de Líbano) (1982), donde 1.216 perdieron la vida.
Segunda Guerra de Líbano (2006) con 119 bajas.
Añadir a esta lista los últimos Conflictos de Gaza contra Hamás: «Plomo Fundido» (2008-2009), con un coste de 11 soldados y 4 civiles; «Pilar Defensivo» (2012), con un saldo de 2 soldados muertos y 4 civiles y «Tzuk Eitan» (2014), con un saldo de 63 soldados y 3 civiles muertos a consecuencia de los cohetes y misiles lanzados desde la población civil gazatí contra población civil israelí. 

Desde 2001 la población civil del sur de Israel (1,5 millones de personas) ha estado y está bajo la amenaza de los misiles de Hamás y otros grupos terroristas palestinos. Durante Tzuk Eitán (2014) el 80% de los civiles israelíes estuvimos bajo el alcance de los misiles de Hamás, los cuales alcanzaron ciudades como Jerusalén, Tel Aviv y Haifa.
Durante las dos ultimas escaladas de violencia (noviembre 2018 y mayo 2019) hubo cinco muertos; en 2018 un palestino hebronita que trabajaba en Ashkelón y en 2019 cuatro israelíes, todos ellos como resultado del impacto directo de misiles lanzados desde la Franja de Gaza por Hamás.
La sociedad israelí ha sufrido también numerosas pérdidas humanas en atentados terroristas por parte de grupos palestinos.
Primera Intifada (1987-1993), con un total de 160 israelíes muertos.
Segunda Intifada (2000- 2005), que cobró la friolera cifra de 1.011 israelíes muertos en atentados terroristas de los cuales más del 70% eran civiles (número mayor de víctimas españolas por el terrorismo vasco en 50 años).

-La conocida como Intifada de los cuchillos, que se inició en septiembre de 2015 y que se cobró 30 víctimas y 443 heridos. La peculiaridad de esta forma de ataque terrorista despeja todo tipo de dudas con respecto a las intenciones palestinas, puesto que para asegurarse de que sus víctimas sean judías eligen a religiosos y religiosas, en su mayoría gente indefensa como ancianos y niños.

Así como también hoy recordamos a las 2 víctimas por impacto directo de misiles Scud-B lanzados por Sadam Husseim durante la Guerra del Golfo (1991), sobre las ciudades de Tel Aviv y Haifa y 3 víctimas más por ataque cardíaco a consecuencia del shock.
 
Este día es para pensar en ellas. Reflexionaremos cuanto daño y dolor hemos de soportar por seguir viviendo como judíos libres en nuestra tierra. Por mantener la razón ante la barbarie.

Y sobretodo este Día del Recuerdo será para honrar a todos aquellos que sacrificaron sus vidas para que hoy día nosotros podamos disfrutar de Israel como estado judío y democrático.

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En memoria de los miembros del cuerpo diplomático israelí que murieron en el extranjero en el cumplimiento de su deber.

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Edna Peer
4 May 1970, Asunción

Efraim Elrom
23 May 1971, Estambul

Dr. Ami Shehori
19 September 1972, Londres

Giora Raviv
29 April 1975, Johannesburgo

Ety Tal-Orr
19 March 1986, El Cairo

Ehud Sadan
7 March 1992, Ankara

David Ben-Rafael
17 March 1992, Buenos Aires

Eli Ben-Zeev
17 March 1992, Buenos Aires

Eliora Carmon
17 March 1992, Buenos Aires 

Shira Troper-Arnon
2 January 1995, Lagos

Aviv Cohen
27 September 1996, Santo Domingo

Sorek Gefen
2 March 1999, Amman

Azi-Elazar Brosh
3 August 2001, Bishkek 

Orit Ozerov
March 9, 2002, Jerusalén 

David Diego Ladowski
July 31, 2002, Jerusalén 

Shlomo Argov
February 23, 2003 Londres / Jerusalén

Yom Shení 4 de Iyar de 5779

Yom HaShoá, día en recuerdo de nuestros mártires y héroes

בס״ד

Esta tarde a las 20:00h. comienza oficialmente en Israel el Día en Recuerdo de la Shoá y el Heroísmo, día de luto oficial que recuerda a los millones de judíos exterminados en toda Europa.

La Alemania Nazi junto con sus colaboradores, fueron responsables del exterminio de mas de seis millones de judíos, una tercera parte de nuestro pueblo, convertida en humo haciendo de Europa el mayor cementerio judío del mundo.

Por todos aquellos, por los exterminados, por los supervivientes y los héroes, para que su memoria no se olvide; recordémosles siempre.
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Una historia de héroes vascos y supervivientes judíos

Numerosos marineros vascos bajo la aprobación del gobierno vasco exiliado en París (1936-1979) y en coordinación con la Agencia Judía –que hacía de gobierno provisional durante el Mandato británico antes del restablecimiento del Estado de Israel (1948)–, y la Haganá –organización paramilitar judía de autodefensa durante el Mandato británico–, realizaron tras la Segunda Guerra Mundial operaciones masivas de rescate de judíos supervivientes del Holocausto a Erets Israel, la Tierra de Israel, en aquel momento bajo la administración del Mandato Británico de Palestina desde 1920.

Victor Gangoitia, delegado del gobierno vasco para temas de refugiados, llevó a cabo la operación de rescate más grande en la historia de la inmigración clandestina judía. Capitaneados por Esteban Hernandorena Zubiaga, también conocido como Capitan Steve, Rafael Inda, Mariano de Lekeitio, Txomin de Bermeo y varias decenas más se embarcaron el 27 de diciembre de 1947 en el puerto de Burgas, Bulgaria, en los barcos Pan York  y Pan Crescent –denominados más tarde como Haatzmaut y Kibutz Galuiot– llegando a transportar a más de 15.000 judíos. Entre los judíos supervivientes del Holocausto se encontraban los abuelos de mi marido, Bina (de soltera Valtzer) Schieber z”l y su esposo Asher Schieber z»l.

Asher Schieber

Asher Schieber z”l, el abuelo de mi marido y al que tuve el honor de conocer, nació el 13 de diciembre de 1917 en Třinec, antigua Checoslovaquia, en plena fiesta de Januka.

Asher, que murió en agosto de 2014 (96 años), sobrevivió a la Shoá junto con su madre Saly Sara Frenkel z¨l y con la que se convertiría dentro del campo en su mujer Bina (de soltera Walzer) Schieber (1923-1991), z¨l. Los tres fueron deportados junto con otros de sus familiares al Campo de Trabajo de Kopaygorod en Transnistria, en la actual Ucrania, el 30 de agosto de 1941. Previamente Asher había servido en el ejército rumano durante la II Guerra Mundial, pero expulsado más adelante por ser judío.

El 3 de diciembre de 1941 Asher y Bina contrajeron matrimonio en el Campo suponiendo que el final de sus vidas no tardaría mucho en llegar debido a las condiciones del lugar, ya que varios miembros de la familia murieron de tifus y de hambre. Sobrevivieron gracias a las dotes artísticas musicales de Bina y su hermano David, mientras que Asher que no había tocado instrumento en su vida fue el encargado y “máximo responsable” del sonido de percusión más básico; el triángulo.

Terminada la guerra y tras su liberación el 15 de marzo de 1944 regresaron a Gura-Humora, Bukovina, en Rumania, para tratar de recoger los pocos pedazos que quedaban de sus vidas. Durante su estadía nació su primera hija Rut Schieber z»l, que falleció poco tiempo después. Sin embargo el odio y el antisemitismo todavía permanecía en Rumania, y en general en casi toda Europa, a pesar de los horrores de la guerra.

Tres años después pudieron emigrar a Eretz Israel, en la Palestina del Mandato Británico, vía Bulgaria, tras conocerse la noticia de que la ONU había aprobado el Plan de Partición. Los judíos a partir de entonces tendrían ya un lugar al que llamar hogar y no sentirse perseguidos.

Embarcaron en el Kibuts Galuyot que junto con su hermano gemelo el Haatzmaut estaban capitaneados por Hernandorena: se disponían a cumplir su sueño de ser hombres y mujeres libres.

Sin embargo, y debido a la negativa inglesa de permitir la emigración judía a Palestina, fueron interceptados el 31 de diciembre de 1947 por el ejercito británico en el estrecho de Dardanelos en el bósforo, y deportados a Chipre hasta 1949.

Mapa fuente: he.wikipedia
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Llegaron a Israel en 1949, donde terminaron sus días junto a familiares y amigos.

A Bina y Asher le sobreviven 2 hijos (otros dos murieron en Rumania (Rut) y Chipre (Dov), 7 nietos y 15 biznietos.

Con mi marido y Asher (2012). Foto del autor de esta web

La gratitud del Estado de Israel hacia quienes rescataron a miles de judíos hizo que el gobierno israelí otorgase la nacionalidad a estos héroes vascos. Uno de los más destacados, Esteban Hernandorena se trasladó a Haifa junto con su mujer y sus hijos para contribuir a la sociedad israelí y llegó a ser uno de los creadores de la Marina Mercante de Israel. Una calle en Haifa (Israel) y Portugalete (Bizkaia) recuerda su gesta y una placa le conmemora en el puerto de la ciudad israelí.

La placa en Haifa dice:

«1905-1965, nacido en Vizcaya; capitán de mar, activo en la flota “ilegal”; uno de los fundadores de la Marina Mercante Israel, residente en Haifa.»

Murió en 1956 y fue enterrado en el cementerio cristiano de Haifa.

Por su parte, Victor Gangoitia también participó en el famoso barco Exodus II. Más tarde al igual que Hernandonera decide trasladarse a vivir a Israel en 1948 y junto con su colega llega a formar parte de la creación de la Marina Mercante israelí.

Estos son algunos de nuestros héroes, y nunca han de ser olvidados.

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Yom Revi´í 26 de Nisán de 5779  

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Monumento en Tel Aviv en recuerdo a la inmigración clandestina judía a Erets Israel desde 1934 hasta 1948. Miles de judíos que escaparon del nazismo murieron en su intento de llegar a la Tierra de Israel.

Foto tomada por el autor de esta web

1948
Kibuts Galuiot 7600 inmigrantes ilegales, expulsados a Chipre.
Haatzmaut 7736 inmigrantes ilegales, expulsados a Chipre.



Localización de Transnistria, en la actual Ucrania

Mapa de Transnistria. Google Maps

Algunos nombres para el recuerdo de varios miembros de la familia que perdieron en Europa en Transnistria.

Berl Schieber (24) z”l, nacido en 1918. Murió de hambre en 1942 en el gueto de Kopaygorod.

Shifra Kessler (65) z”l, nacida en 1877. Murió de Tifus en 1942 en el gueto de Shargorod.

Mendel Schieber (65) z”l, nacido en 1877. Murió de Tifus en 1942 en el gueto de Shargorod.

Sheige Shieber (58) z”l, nacida en 1884. Murió de hambre en 1942 en el gueto de Shargorod.

Feige Rubin Schieber (64) z”l, nacida en 1878. Murió de hambre en 1942 en el gueto de Shargorod.

Liba Laufman Schieber (55) z”l, nacida en 1888. Murió de Tifus en 1943 en el gueto de Murafa.

Pepi Schieber (48) z”l, nacido en 1894. Murió de Tifus en 1942 en el gueto de Obodivka.

Tukachinsky y el «Blackout» informativo en España

בס״ד

El pasado lunes 24 de septiembre moría en un trágico accidente de tráfico Jaim Tukachinsky z”l (imagen de Jaim Tukachinsky, crédito Amy Lutnick), de 31 años, en la plaza París de Jerusalén. Tukachinsky, jaredí y un excelente pianista y genial compositor según cuentan sus más allegados, regresaba a casa tras haber visitado el Kotel y muy probablemente haber disfrutado de la monumental suká en la explanada del muro occidental. Finalizaba el primer día de la festividad judía de Sukot (cabañas), en la cual construimos cabañas para recordar nuestra estancia temporal en el desierto tras la liberación de la esclavitud en Egipto camino a la Tierra de Israel. Una semana de enorme alegría para conectar con nuestro prójimo, pues la importancia de esta fiesta no se centra simplemente en la construcción de la suká sino también en recibir huéspedes.

Tukachinsky fue uno de los miles de invitados que se dan cita estos días en la suká del Kotel, y quizás tendría en mente volver a visitarla en algún momento durante los siete días de duración del festejo. Sin embargo su vida se paralizó esa dramática noche cuando un conductor bebido y con un historial violento a sus espaldas le atropelló dándose -supuestamente- a la fuga. Dejándolo morir.

Es muy posible que en España no hayáis escuchado esta historia y esto es debido al corporativismo de los periodistas españoles en Israel.

Julio de la Guardia (51 años) había decidido beber esa noche, quizás para olvidar sus problemas, por diversión o incluso es probable que él también fuera el invitado a una suká y se hubo excedido en la celebración. Aun sabiendo que en Israel por haber consumido una simple cerveza la policía te retira el carné y el vehículo, Julio de la Guardia decidió coger su utilitario provocando el fatal desenlace. “Pagá vebaraj”, que se puede traducir como que atropelló (golpeó) y huyó, está considerado en Israel como asesinato pero las triquiñuelas típicas de los abogados conseguirán que Julio cumpla una pena mínima -calculo que alrededor de 2 años-, debido, en gran parte, por estar colaborando con la policía. Actualmente se encuentra en prisión hasta el juicio.

Han pasado tres meses del accidente y salvo el diario El Mundo ningún medio español había publicado esta noticia. Existe un silencio informativo no porque consideren irrelevante escribir sobre ello -la prensa española es muy dada a publicar artículos de poca monta, como por ejemplo aquellos que involucran al hijo del Primer Ministro-, sino por puro corporativismo periodístico: Julio de la Guardia es un colega de profesión, al igual que su mujer. Nadie va a romper ese silencio, y mucho menos, tal como informaba el periodista del Canal 10 israelí Yossi Eli, denunciar la conducta violenta de Julio contra su mujer motivo por el cual le valió la expulsión de Israel en 2011. También sabemos de Julio que bajo el seudónimo de Julián Rivera había trabajado para HispanTV, el canal de habla hispana del régimen de los Ayatolás y que dista mucho de ser imparcial, centrándose en la crítica absoluta a Israel, objetivo que comparten la mayoría de los periodistas españoles en Israel miembros de este particular gremio.

La negativa de estos periodistas de informar al público español de un hecho ocurrido en la misma ciudad donde residen o trabajan, que involucra a un ciudadano nacional y que quizás está siendo defendido con dinero público, mientras continúan su rutina de la crítica por la crítica a Israel demuestra una vez más el declive informativo y su forma torticera de informar. Este suceso escribe otra página más en la lamentable historia del periodismo -activismo político- español en Israel.

Año tras año ya deberíamos estar acostumbrados a este maltrato, o a que la muerte de un judío pase totalmente desapercibida, y sin embargo continuamos negándonos a permanecer callados ante tal ultraje.

Sabed que Israel defiende y defenderá la libertad de expresión -en el caso de la prensa la libertad de difamación-, pero siempre habrá alguien que desenmascare a los profesionales de la injuria, los que exculpan el terror y disfrazan la verdad.

Jaim Tukachinsky, z”l

Yom Shení 16 de Tevet de 5779
Lunes, 24 de diciembre de 2018

Maapaj – Revolución

בס״ד

Esta semana es la conmemoración del Tratado de Paz con Egipto (1978), que coincide con el 40º aniversario de la victoria electoral de Menájem Beguin (1913 – 1992), uno de los padres fundadores del Estado de Israel.  (Imagen de portada: mjhnyc.org)

Menájem Beguin es sin lugar a dudas uno de los personajes israelíes más controvertidos de nuestra historia. ¿Fue un terrorista como lo condenan algunos o, por el contrario, fue un héroe revolucionario? Beguin arriesgó su vida por y para la supervivencia del pueblo judío. Ya en 1941 se unió voluntariamente a las Fuerzas Armadas Polacas libres junto con miles de soldados judíos para luchar contra la ocupación nazi. Más tarde se estableció en Erets Israel, la Tierra de Israel, para unirse al Irgún y luchar por la liberación judía de la opresión del Mandato Británico, declarando así en 1944 el inicio de la revolución que duraría hasta el establecimiento del Estado de Israel. Siendo líder del Irgún, organización clandestina judía de liberación, ordenó volar las instituciones centrales del régimen británico, instaladas durante la Segunda Guerra Mundial en el Hotel Rey David, con el resultado de 91 víctimas entre ellos trabajadores judíos. Tal y como relata en su biografía «Rebelión», contrastado además por numerosos testigos del lugar, el Irgún dio aviso al Hotel Rey David de evacuar a todo su personal. Dicho aviso también se dio al Palestine Post y al Consulado francés los cuales sí fueron evacuados de inmediato. Al Consulado francés se le aconsejó además que «abriesen las ventanas para prevenir los efectos de la explosión», lo que evitó que el edificio sufriese desperfectos. Sin embargo los soldados británicos del Hotel Rey David no evacuaron a nadie.

Los que acusan a Begin de terrorista son curiosamente los que apoyan a personajes como Nelson Mandela cuyo referente fue Menájem Beguin y su libro «Revolución» estudiado para aprender las tácticas utilizadas por el Irgún contra los británicos y usarlas contra los opresores de los negros.

Para definir a Menájem Beguin en una palabra escogeria la que el presentador de la televisión israelí Haim Yavin creó de forma espontánea – y que hasta la fecha no existía en hebreo – en pleno directo mientras retransmitía la sorpresiva victoria electoral de Beguin; Maapaj (מהפך), una palabra que se podría traducir en castellano como agitación (política), revuelta, o incluso revolución. Menájem Beguin fue a todas luces un agitador político, un revolucionario como nunca hubo en la historia de Israel. A él le debemos también el primer tratado de paz con un país árabe, Egipto, un acontecimiento de calado histórico no solo para ambos países sino para el mundo, y un tremendo shock para el mundo islámico cuya respuesta fue expulsar a Egipto de la Liga Árabe hasta 1989. Revolución, revuelta y agitación fueron los ingredientes para  ser condecorado junto a Sadat en 1978 con el merecido Premio Nobel de la Paz.

La paz en Oriente Medio no es tarea fácil. Un auténtico líder siempre está dispuesto a asumir los riesgos en beneficio de su pueblo y Beguin era el mejor en eso. El tratado de paz con Egipto continúa hoy día a pesar del trágico asesinato de Sadat en 1981 por sus propios soldados contrarios a la paz. Más tarde los israelíes también apostaron por la paz con los jordanos en 1994. Al año siguiente un judío radical asesinó al Primer Ministro israelí Isaac Rabin porque también creía en la paz con los palestinos. Casi medio siglo antes Jordania perdió a un rey en 1951 en un atentado perpetrado por un palestino debido al rumor ante un posible acercamiento al recién Estado judío por parte del monarca jordano Abd Allah ibn Husayn. Líderes que a lo largo de la historia han sabido anteponerlo todo por el bienestar de su pueblo.

No hay liberación posible sin revolución. Menájem Beguin nos enseñó este ideal luchando contra el nazismo y después en la clandestinidad contra el opresor británico. También aprendemos de él el que los intereses del pueblo judío, de Am Israel, para su supervivencia y su bienestar están por encima de intereses propios.

Este es el legado que nos dejó Menájem Beguin y el secreto para la supervivencia del Estado de Israel: Maapaj.

Yom Shlishí 1 de Nisán de 5777
Martes, 28 de marzo de 2017

Los esparcidos de Judá

בס״ד
De camino al trabajo en el autobús, una mujer sube y se encuentra con una conocida. Se saludan en amárico (idioma oficial de Etiopía), y continúan en hebreo:

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-Hoy llegas tarde (al trabajo).
-Si, ayer estuve de boda. Se casó Nagaso.
-¡No me digas!, ¿qué tal fue?
A lo que yo respondí: -fabuloso.

Yo también estuve en la boda de Nagasu, o Nagaso, o Negaso (nadie del trabajo logra saber exactamente cómo se dice). Y no es que Nagasu sea una famosa top model o la hija de algún cargo político de la cuidad. Simplemente, en las bodas etíopes va una enorme cantidad de gente, y casi todos con familia, que no os podéis imaginar.

Fue mi primera boda etíope y salí de maravillado, fuera aparte del dolor de cabeza de una música imposible de recordar y/o pronunciar su letra.

Según la tradición, los judíos etíopes descienden del Rey Salomón y de la Reina de Saba, ésta de origen etíope. Sus descendientes abrazaron la fe judía y pese a las persecuciones también sufridas por ellos en África a lo largo de dos milenios han logrado seguir en sus trece, es decir, continuar sus tradiciones.

Tras la creación del Estado de Israel el gobierno, junto con el ejército y el propio Mossad, realizaron dos operaciones de rescate de la comunidad judía etíope en Etiopía y Sudán: las operaciones Moisés, Josué y Salomón.

La Operación Moisés (1984), en honor a Moshé Rabeinu (Moisés), salvó de una muerte segura a 8.000 judíos etíopes en los campos de refugiados en territorio sudanés. Lamentablemente, los intereses árabes de que el gobierno de Jartum no colaborase con el de Jerusalem hicieron que 1.000 judíos quedasen en territorio sudanés. 4.000 murieron durante el recorrido a pie para llegar a Sudán donde aviones les evacuarían a Israel.

La Operación Josué (1985) salvó a 800 judíos etíopes de Sudán llevándolos a Israel.

La Operación Salomón (1991) de 36h de duración trasladó en 34 aviones de la compañía aérea israelí El Al a 14.325 judíos Beta Israel desde Etiopía a Israel. Dos bebés nacieron durante el vuelo.

Debido a la urgencia, fue la única vez en la historia que la compañía El Al voló en Shabat.

De las numerosas profecías que se mencionan en el Tanaj una de las que han inspirado a incontables generaciones y que sigue inspirando es “y convocará a los dispersos de Israel y reunirá a los esparcidos de Judá», de Isaías.

A punto de finalizar este 2015 veía con mis propios ojos que la profecía escrita hace más de dos mil años se había cumplido con creces, rodeado de no menos 500 judíos etíopes celebrando no solo una boda sino su propia existencia, de regreso a la tierra de sus antepasados. Cada salto, cada melodía y cada sonrisa era un logro más de la empresa sionista. Un logro más de nuestro pueblo.

Mazal tov Nagasu, que seas por siempre muy feliz.

Yom shishí 6 de Tevet de 5776 
   Viernes, 18 de diciembre de 2015

דוד יאבו
David D. Yabo

Árabes cristianos en Israel

בס״ד

El diario publico.es publicaba este sábado el siguiente titular: «Israel logra deshacerse de dos corresponsales españoles ‘molestos’«. Para leer el libelo completo pulsa aquí.

Este titular, como bien indica Ariel Kanievsky en su cuenta twitter, es antisemita dado que aplica el mito del dominio judío mundial y que, además Israel, el Estado judío, tiene el poder sobre los medios de comunicación extranjeros.

Los periodistas que se refiere publico.es son Javier Martín (EFE) y Juan Gomez (El País) y la acusación se centra en la cobertura de los activistas con título de periodistas sobre la operación militar contra Hamás Tzuk Eitan, del pasado mes de julio de 50 días de duración. En concreto, el panfleto antisemita acusa a Israel de querer censurar la opinión de los corresponsales extranjeros. Todo ello sin aportar ni una sola prueba.

El activismo y no el periodismo de información/investigación conllevó a los reajustes de personal de ambos rotativos. Y esperemos que continúen y nos den mejores alegrías, puesto que el recambio de EFE no es otro que la activista/periodista Ana Cardenes, ex corresponsal en Jerusalén y Teherán, donde no se mostró precisamente crítica contra el régimen de los Ayatolás durante su estadía.

EFE vuelve a poner su confianza en una corresponsal que afirma, entre otras locuras sin sentido, que en el Kotel, muro occidental o muro de los lamentos, el rezo no judío está prohibido, dejando patente dos cosas: su ignorancia en la materia y su implacable crítica hacia Israel. Aquí podéis leer mi nota sobre este tema.

No voy a entrar en más detalles sobre este activismo del periodismo español que tan acostumbrados estamos.

Os dejo un reportaje (pulsa aquí para verlo) de UNED, árabes cristianos en Israel, emitido en el medio público español rtve.es, cuya corresponsal en la zona, Yolanda Álvarez, convendría que viese y prestase especial atención para evitar disgustos tontos y acusaciones sin fundamento.

Un consejo en tres imágenes del Padre Gabriel Nadaf sobre el activismo periodista en Oriente Medio:

Yom Shení 30 de Kislev de 5775 
   Lunes, 22 de diciembre de 2014

דוד  יאבו
David D. Yabo